Al rescate de la capital

Por Eduardo Ancona

Llegar a Bruselas es soltar con decepción un suspiro. La esperanza que muchos depositan (amos) en la capital de Europa -en esta ciudad están asentadas las principales oficinas de la Unión Europea- se contrasta con la realidad de calles sucias y olvidadas, donde suena un neerlandés rudo que hace una injusta presentación a una plaza central bellísima que quizás el único punto digno de este adjetivo dentro de una ciudad desarrollada con altos niveles de vida que ni en sus mejores sueños rozarían la inmensa mayoría de las ciudades del nuevo continente, ese que el viejo conquistó. Sin embargo la suciedad y mala imagen que genera a primera y segunda vista la ciudad contamina buena parte del recuerdo que el visitante promedio puede hacerse de ella. E incluso también del país, en caso de quienes no conocen el interior.

Este, sin embargo, no es un mal belga. La gran notoriedad y volumen de población que muchas capitales o ciudades principales concentran hacen que la evaluación que de ellas hagan nacionales y extranjeros pese mucho en la evaluación general del país.

El caso de México no es distinto. Sobra explicar la relevancia que la Ciudad de México tiene para el país en todos los aspectos, por ello el trágico deterioro de seguridad desde la llegada de Claudia Sheinbaum a la jefatura de gobierno ha sido cubierto a ocho columnas. Todo apunta a que la pasada administración capitalina entregó la seguridad de la ciudad — como dice la parábola salinista— sostenida con alfileres… y que la actual se los quitó. Investigaciones periodísticas, de manera destacada las realizadas por Héctor de Mauleon para El Universal, señalan insistentemente que la presencia de carteles de narcotráfico en la Ciudad de México es una realidad innegable que la administración de Miguel Mancera no quiso ver. En este sentido el envío de la Guardia Nacional a la Ciudad de México se presenta como una decisión inevitable.

México no puede sumar a su capital a la larga lista de ciudades destruidas por la delincuencia. El gran número de personas que ahí habitan, la enorme notoriedad nacional e internacional de la ciudad y su imprescindible aportación a la economía nacional hacen de ella la ahorta del país. Adicionalmente es uno de los principales bastiones políticos del Presidente.

Basta recordar que ante los embates del entonces presidente Vicente Fox, AMLO encontró en la población de la capital su mayor respaldo. Y en su jefatura de gobierno, la catapulta a su primera candidatura presidencial. Por ello, proteger a la Ciudad de México no solo es una necesidad política inevitable, sino también una necesidad social básica. Bienvenida la Guardia Nacional.

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