SOFÍA MORÁN
La semana pasada participé en el Encuentro Intracomunitario “Cuidados que sostienen y tejen la vida desde lo local”, un espacio que reunió a mujeres diversas de cuatro municipios (Mérida, Ticul, Tizimín y Valladolid) que formaron parte de las Escuelas Municipales de Cuidados Comunitarios impulsadas por The Hunger Project México. Fue un día de emociones profundas, de reconocimiento entre pares y de visibilizar que el cuidado no es tarea exclusiva de mujeres, sino un derecho humano fundamental.
Los testimonios fueron desgarradores. Una compañera de Valladolid confesó que en su municipio no puedes hablar de formar redes de apoyo por miedo a la exclusión. Otra compañera recordó el tiempo en que aprendió a leer a su marido para anticipar cuándo estallaría la violencia. “A pesar de estar divorciada, vivo con ansiedad y depresión por la agresión de mi expareja”, compartió. “Tuve que aprender a cuidarme para poder cuidar a mis hijos”. Todas señalaron problemáticas graves en sus comunidades, desde parejas que impiden el acceso a espacios públicos, drogadicción, falta de servicios, machismo estructural, hasta autoridades que obstaculizan el trabajo de los colectivos. Blanca, de Salud y Bienestar Social, lo resumió así:
“La carga social que significa ser mujer. No solo debe cuidarse a sí misma, debe cuidar la casa, la familia. Sin tiempo para sentir, una mujer siempre debe estar bien para que la familia esté bien”. Reflexionamos: “¿A las mujeres nos tratan como personas? Nos quieren perfectas o no nos quieren. Eso no es una persona, es un objeto”.
Del encuentro surgieron cuatro agendas ciudadanas, una por municipio. En Valladolid priorizan salud integral y autonomía de las mujeres. “Hay que seguir hablando con más mujeres para que elijan ser libres. Son muy pocas las que se animan”. En Tizimín exigen espacios seguros, transporte, una vejez digna, centros de rehabilitación y acabar con el patriarcado. En Mérida se habló de salud, urbanismo accesible, vivienda segura, educación y justicia social. Aranza Rodríguez destacó: “El reconocimiento entre nosotras fue una curita al corazón”. En Ticul también fue la salud mental, seguridad y motivación. Una compañera compartió “Haber estado rodeada de mujeres vitamina me motiva a continuar. Yo seré la voz de quien lo necesite”.
El siguiente paso es que estas agendas ciudadanas serán presentadas por integrantes de cada generación ante autoridades municipales, estatales y federales. Estas agendas no son un documento más, sino una herramienta política construida desde la experiencia viva de mujeres que han decidido organizarse para exigir un Yucatán más justo, corresponsable y sostenible.
Este proceso me confirmó que las mujeres yucatecas estamos listas para ocupar todos los espacios y nombrar todas las violencias. Lo hacemos desde el cuidado, no como debilidad, sino como nuestra fuerza. Porque cuidar la vida también es resistir.
“La revolución en Yucatán tiene rostro de mujer, tez morena, viste bordados y nace del amor”.




