Editorial de Peninsular Punto Medio

Como cada proyecto de reforma a leyes o ley nueva que ha propuesto la Cuarta Transformación, la Ley de Aguas Nacionales provocó ayer un nuevo enfrentamiento entre legisladores de Morena y sus aliados contra la oposición.

En las dos cámaras se reeditó el enfrentamiento verbal y posicionamientos en contra y a favor de la propuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, que busca frenar, según dijo, la mafia del acaparamiento del agua.

La discusión más reciente fue la del Senado de la República, que emitió su voto a favor después de la medianoche, como es una ley general con el voto de la mayoría era suficiente, poco después de que los diputados federales se enfrascaron en su duelo por 24 horas.

En la Cámara Alta, los legisladores del PAN y PRI lanzaron mensajes en contra a partir del argumento de que la ley afecta a los hombres del campo y que el Gobierno Federal busca simplemente apoderarse del agua de los mexicanos. De hecho, argumentaron que ya lo hicieron con el INE, los organismos autónomos y el Poder Judicial.

Dijeron que los planteamientos de la nueva ley no corrigen los problemas del acaparamiento del agua, sino que se la quita a la mayoría de los productores.

De lado del oficialismo el argumento se centró, como ya señalamos, en la recuperación de títulos de explotación del vital líquido que ahora están en manos de acaparadores, que nos las usan para producir, pero sí la venden a municipios cercanos. Es decir, hacen negocios con un bien nacional que no pagan.

A todo ello, la Secretaría de Gobernación reiteró que los bloqueos y marcha de los productores del campo no tienen razón de ser, pues ya fueron recogidas las observaciones, comentarios y señalamientos para los efectos de la nueva Ley de Aguas Nacionales.