SOFÍA MORÁN
Hoy comienza el Global Youth Climate Summit 2025 (Cumbre Mundial de Juventudes por el Clima), un evento que se llevará a cabo del 2 al 5 de abril en Belo Horizonte, Brasil. Con sede en la Universidad Federal de Minas Gerais y organizado por el Global Youth Leadership Center, este espacio reunirá a 500 jóvenes líderes de todo el mundo (200 presenciales y 300 virtuales) para impulsar acciones concretas frente a la crisis climática.
Como coordinadora internacional de juventudes de la asociación civil Va por la Tierra y representante de Yucatán, tengo el honor de ser parte de esta delegación que trabajará en la creación de la Declaración Climática de Belo Horizonte, un documento que buscará influir en las discusiones de la COP30 y amplificar las voces de las juventudes en la política internacional.
La cumbre está diseñada para abordar los desafíos ambientales desde la perspectiva de los países del Sur Global, con talleres sobre resiliencia climática, transición energética, conservación de biodiversidad y justicia ambiental. Pero lo más valioso es que no se quedará en teorías: exploraremos soluciones prácticas para replicar en nuestras comunidades.
Desde sesiones con científicos de la Nasa hasta diálogos con ministros y activistas como Rayane Xipaya (Brasil) y Sena Chang (Japón), cada actividad estará enfocada en democratizar el conocimiento climático y fortalecer nuestras habilidades de liderazgo.
Uno de los temas que más me entusiasma es el enfoque en soluciones basadas en la naturaleza y la protección de la biodiversidad, ejes clave para regiones como Yucatán, donde el equilibrio ecológico es vital. También cobran especial relevancia los debates sobre la urgencia de la justicia climática y la necesidad de garantizar una participación ciudadana efectiva, en particular para aquellas comunidades que históricamente han sido marginadas y cargan con el peso desigual de la crisis ambiental.
Como delegada, mi misión es clara: absorber todo este conocimiento, conectarlo con las realidades locales y trazar estrategias que impulsen proyectos sostenibles en nuestro Estado. Además de las sesiones académicas, habrá espacios de inmersión cultural, como la visita al Instituto Inhotim, donde el arte y la conservación ambiental se entrelazan, y cenas de networking con líderes globales. Estas experiencias no solo enriquecerán mi perspectiva, sino que también me permitirán tejer alianzas para futuras colaboraciones.
Mis expectativas son altas, pero mi emoción es aún mayor. Esta cumbre es una oportunidad para llevar las preocupaciones de México a un escenario global y regresar con herramientas tangibles para la acción. Por eso, les invito a seguir mis reflexiones en redes sociales, donde compartiré entrevistas con expertos, activistas y momentos clave de la cumbre. El mensaje es claro: las juventudes no somos el futuro, somos el presente trabajando por un planeta justo y sostenible. ¡Nos leemos desde Belo Horizonte!