Salvador Castell-González
El próximo 5 de junio, el Día Mundial del Medio Ambiente nos recuerda la urgente tarea de proteger nuestro planeta. La edición de 2025 se centrará en “Poner fin a la contaminación por plásticos”, una problemática global con consecuencias devastadoras para los ecosistemas y la salud humana. Sin embargo, este llamado a la acción debe enmarcarse en una crisis aún mayor y profundamente interconectada: la emergencia climática y su creciente impacto en el derecho fundamental a una vivienda digna.
La semana pasada se realizó el encuentro internacional conocido como ONU-Habitat, en esta ocasión se han reconocido una alerta contundente: la crisis climática está exacerbando una ya grave crisis mundial de vivienda y migración forzada. Fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes e intensos, como inundaciones, huracanes y sequías, están destruyendo hogares y desplazando a millones de personas, especialmente a las comunidades más vulnerables. Esta situación no solo representa una catástrofe humanitaria, sino que agudiza las desigualdades existentes y amenaza con revertir los avances en materia de desarrollo sostenible.
La ONU advierte que casi 3,000 millones de personas carecen de acceso a una vivienda adecuada, tierra segura y servicios básicos. Esta cifra es alarmante y evidencia la magnitud del desafío. El sector de la vivienda, a su vez, contribuye significativamente al cambio climático a través de sus emisiones de gases de efecto invernadero, creando un peligroso círculo vicioso.
Es crítico comprender que la lucha por el medio ambiente no puede disociarse de la lucha por la justicia social y el derecho a una vida digna. Las políticas de mitigación y adaptación al cambio climático deben incorporar de manera central la provisión de viviendas seguras, resilientes y sostenibles para todos. No basta con discursos y conmemoraciones; se requieren acciones concretas y urgentes.
Los gobiernos deben asumir su responsabilidad e implementar políticas públicas ambiciosas que aborden de manera integral la crisis climática y de vivienda. Esto implica invertir en infraestructura resiliente, promover la construcción sostenible, garantizar la tenencia segura de la tierra y, fundamentalmente, escuchar y atender las necesidades de las comunidades más afectadas. Organizaciones como Hábitat para la Humanidad ya trabajan en sensibilizar sobre cómo la vivienda puede mitigar los impactos del cambio climático y construir de manera sostenible.
El Día Mundial del Medio Ambiente debe ser un punto de encuentro de voluntades donde la comunidad internacional, los gobiernos, la sociedad civil y cada individuo asuman un compromiso real y efectivo. Proteger “Nuestras tierras. Nuestro futuro” y combatir la contaminación por plásticos son objetivos urgentes, pero solo alcanzarán su verdadero significado si se traducen en un futuro donde cada persona tenga un hogar seguro y un planeta habitable. La crisis es ahora, y la acción no puede esperar.



