René Emir Buenfil Viera
psicrenebuenfil@gmail.com
Irse de campamento para las infancias y adolescencias con diabetes tipo 1 no es una decisión fácil porque para muchos va a ser la primera vez que se van a separar de su mamá, papá o cuidador (a) desde su diagnóstico o debut.
Si las personas adultas se han hecho cargo del cuidado de su diabetes desde que empezaron con esta condición de vida, precisamente para eso van al campamento, para adquirir herramientas para su autocuidado cada vez más independiente, pero eso no quita que les dé miedo, tanto a las infancias y adolescencias como a sus mamás, papás o cuidadores (as), a pesar de los temores, muchos (as) se atreven a dar el paso.
El campamento en el Sureste de México tiene la peculiaridad de tener el patrocinio de la fundación de una cadena de hoteles así que se hace no en un bosque o cabañas, como pudiera imaginarse de un campamento, sino en un hotel todo incluido repleto de turistas. Además, la Asociación Mexicana de Diabetes en el Sureste, con sede en Mérida, se da a la labor de solicitar la colaboración no remunerada de más de 30 profesionales de la salud, endocrinólogos (as) pediatras, doctores (as), nutriólogas (os), psicólogas (os), activadores físicos, enfermeras, y representantes de los laboratorios que diseñan la tecnología para el cuidado de la diabetes, además de staff que son personas adultas con diabetes tipo 1, quienes hacen pláticas, talleres, dinámicas, conversatorios, juegos, debates y hasta concursos de disfraces para hacer del campamento una experiencia inolvidable.
Las (os) campistas aprenden desde conteo de carbohidratos en los alimentos, auto-regulación emocional, el manejo de las insulinas y la actividad física y el ejercicio, pero lo más importante es la parte social, reunir a 40 infancias y adolescencias con diabetes tipo 1 de diferentes estados del país es quitarles la sensación de que están solos (as) en esto, es facilitar amistades para toda la vida, es ampliar la comunidad de personas unidas porque la diabetes tipo 1 tocó a sus puertas.
Sentir por primera vez que alguien más sí te entiende porque vive lo que tú vives genera un cambio extraordinario en los (as) campistas. Y es que para vivir con diabetes tipo 1 se necesitan una serie de habilidades, sobre todo, la paciencia y tolerancia con la ignorancia que muchas personas tienen sobre el tema y que les puede hacer enojar, ofenderles o deprimirles mucho más que la condición de salud en sí misma.
El amor propio como requisito para cuidarse y evitar caer en los extremos del exceso de confianza ni de la falta de confianza son herramientas que emocionalmente les ayudarán a enfrentar la carga del autocuidado por el resto de sus días. La educación en diabetes no tiene que ser un monólogo, ni aburrida, puede ser entretenida, divertida y aplicable al momento.
Los campamentos son mucho más baratos que todo el gasto del sistema de salud para enfrentar las complicaciones de la diabetes tipo 1, pero se necesitan de profesionales de la salud compasivos, con trato empático y que no vean páncreas ni números, sino personas.




