La avenida Internacional, esa arteria que cruza el Periférico de Mérida y conduce al “corazón” de Umán, luce hoy como una herida abierta en el asfalto. Lo que alguna vez fue una vía de conexión y progreso, se ha convertido en un camino del abandono, cubierto de baches, polvo y descuido.
Pese a ser la puerta de entrada al municipio y paso obligado para cientos de automóviles y pesados camiones que abastecen la Zona Industrial, la avenida refleja el olvido del Ayuntamiento encabezado por la alcaldesa Kenia Walldina Sauri Maradiaga.
Cada metro de pavimento roto y cada charco que se forma tras la lluvia son testigos del deterioro y la falta de mantenimiento. Los habitantes y transportistas no solo transitan por una calle dañada: recorren, día a día, la evidencia de una administración que ha dejado perder una de las vías más importantes del municipio.
A lo largo del trayecto, el abandono se hace evidente: en varios puntos, las banquetas simplemente desaparecen, obligando a peatones y ciclistas a compartir el peligroso espacio con los vehículos. Además de la falta de pasos peatonales.
No hay señalamientos viales, ni advertencias, ni guía. Solo la incertidumbre de un camino que parece improvisado. La hierba crece sin control a los costados, cubriendo los bordes del pavimento que, en algunos tramos, ya ni siquiera existe.
Tras las recientes lluvias, las calles se transformaron en charcos permanentes, en espejos de agua estancada donde se acumulan desechos, botellas, bolsas, el rastro visible de la desidia.
“Ya hemos llevado peticiones al Ayuntamiento para que nos arreglen esta parte de la avenida y la calle 42, que viene siendo acá, Itzincab, acá se llena de agua cuando llueve y las rejillas están tapadas de la basura que tira la gente, y los baches no faltan”, dijo Margarita Cruz, vecina de la zona.
La ciclovía, instalada en el sentido de Umán hacia Mérida y pensada para dos carriles, ha perdido buena parte de su trazado original. En algunos puntos simplemente se esfuma, engullida por la geografía irregular y por la voracidad del tránsito pesado.
Los camiones de carga, al servicio de las empresas de la zona, la fueron borrando poco a poco, como si la modernidad prometida solo pudiera construirse sobre los restos de la infraestructura pública.
Lo que alguna vez se presentó como un paso hacia la movilidad sustentable, hoy se percibe como un símbolo de abandono: una ciclovía que ya no lleva a ningún lado.
“Ahora es un riesgo por la ciclovía, en alguna parte está buena, pero, otras con baches, lodo, piedras, no es seguro transitar por la ciclovía, entonces tienes que ir por el carril de los carros, pero, está difícil, porque, pasan los tráileres y te aplastan”, dijo Armado, quien utiliza estos carriles exclusivos para bicicletas para ir a trabajar.
Texto y foto: Alejandro Ruvalcaba




