Un ambiente especial se vive en los alrededores de la iglesia de San Cristóbal, donde constantemente el tránsito se detiene para permitir el paso a grupos de antorchistas que, en automóviles motocicletas, bicicletas o corriendo, llegan hasta este santuario para tomar un descanso antes de retornar a sus destinos.
Muchos salieron desde hace más de un mes con rumbo al Tepeyac, y después de llegar a la basílica emprendieron el camino hacia Mérida, venciendo en muchos casos el temor y condiciones adversas como las frías temperaturas, el cansancio y el hambre.
Así lo cuenta Santiago Ucán, quien considera que el tramo más peligroso es el que recorrió rumbo a la Ciudad de México: el de Cosamaloapan-La Tinaja, en el estado de Veracruz. Esto debido a que el tramo es muy largo y no hay agua disponible, ya que está prácticamente desolado.
Llevando sobre la espalda la imagen de la Virgen que adquirió en la Ciudad de México, y tomando solamente como alimento agua con maseca, este joven originario de Mama ya casi logra su cometido y, junto con Manuel, un tekiteño a quien conoció en el camino, ayer tomaban un merecido descanso en el atrio del templo parroquial, donde les permitieron inclusive guindar una hamaca para tal fin.
“Nos vamos en unos días, estamos haciendo tiempo para salir y llegar el 12 a las 5:30 al pueblo, pero en mi caso también estoy detenido porque se me reventó una cámara y necesito comprar una cadena para mi bicicleta, y estoy pidiendo a la gente una cooperación”, comentó este joven que inició su recorrido el 30 de octubre, cuatro días después que Manuel, quien visitó Tepeaca, Xico y la Ciudad de México.
En el interior de la iglesia continuamente se escuchan los rezos en honor a la Morenita del Tepeyac, y muchas mamás, como la señora Berenice Calderón, que aprovechó tomarle la foto del recuerdo a su hija Allison, visitan el santuario en estas fechas en las que todavía no hay tanta aglomeración de gente, como se espera ocurra la noche del 11 y por supuesto el día 12.
En el costado norte del santuario, peregrinos que en familia llegaron a bordo de motocicletas desde Palenque, Chiapas, se acomodaban para pernoctar tras arribar procedentes de la ciudad de Campeche.
Son en total 18 motociclistas, como Don Isaías Pérez González, a quien acompañaron en el viaje su esposa, hijas, yernos y nietos. Mientras reparaba la rueda de su motocicleta, este hombre, quien es propietario de un taller, comentó que este es el cuarto año en el que viajan de esta manera para cumplir su compromiso con la Guadalupana.
“El año pasado viajamos a la basílica y hoy venimos a Mérida”, comentó el jefe de familia, quien compartió que esta es una manera de agradecer por todos los cambios favorables que han experimentado a lo largo del año y también para pedirle fortaleza para afrontar los problemas.
En otro extremo del estacionamiento, descansaba otro grupo más pequeño, en este caso de jóvenes que, con su tradicional antorcha, hicieron el recorrido saliendo de Calkiní, Campeche, planeando llegar el día 11 por la noche a su natal Hunukú, población perteneciente al mun¥icipio de Temozón.
Texto y fotos: Manuel Pool




