Ayer se cumplieron 102 años del fusilamiento del entonces gobernador de Yucatán Felipe Carrillo Puerto y en el cementerio general, aún se puede observar el muro donde quedaron incrustadas las balas de aquel 3 de enero de 1924.
Es un vestigio físico de su ejecución, por órdenes de militares que se oponían a sus reformas socialistas y agrarias, y esas marcas en la pared siguen siendo un punto de referencia histórico y emotivo, conmemorando su legado de justicia social para campesinos e indígenas yucatecos.
Nacido en el municipio de Motul el 8 de noviembre de 1874, Felipe Carrillo Puerto tomó posesión como gobernador de Yucatán el 1 de agosto de 1922, y es recordado por las obras de tipo social y educativas que realizó durante su gobierno revolucionario, además del compromiso que sostuvo con el bienestar de los mayas.
En 1923 fue derrocado por los rebeldes delahuertistas que intentaban hacerse con el control del país, y los que Carrillo Puerto se negó rotundamente a apoyar ratificando el respaldo del Partido Socialista a la candidatura presidencial de Calles.
El 12 de diciembre de 1923, la guarnición de Campeche al mando del teniente coronel José María Vallejos, se unió a los delahuertistas y Carrillo Puerto decidió enviar refuerzos, pero al llegar a un punto entre Chocholá y Maxcanú, se insubordinaron y ordenaron la vuelta del tren en el que viajaban a Mérida.
Carrillo Puerto se dirigió a Motul, y fue en este lugar donde se enteró que ya se encontraba en camino un tren con tropas insurrectas con la misión de aprehenderlo. Y aunque había campesinos dispuestos a acompañarlo en su lucha contra los rebeldes no tenían armamento ni estaban organizados, por lo que decidió emprender la retirada al puerto de El Cuyo, donde esperaba recibir armas enviadas de Nueva York por su representante Manuel Cirerol, pero nunca llegaron a tierras yucatecas.
Ante esta situación, el gobernador derrocado cambió de planes y tomó un barco alquilado por su ayudante Eligio Rosado, pero estando en altamar comenzó a hacer agua y regresaron a la costa siendo capturados en Holbox el 17 de diciembre de 1923.
Carrillo Puerto y 13 acompañantes, entre ellos tres de sus hermanos –Wilfrido, Edesio y Benjamín–, fueron llevados a Tizimín y luego a la penitenciaría Juárez de la ciudad de Mérida para ser juzgados sumariamente por un tribunal militar y ejecutados en el cementerio general de Mérida en la madrugada del 3 de enero de 1924. Sus últimas palabras en el camposanto fueron: No abandonéis a mis indios.
Las marcas de los proyectiles en el muro del cementerio son un testimonio mudo de la violencia de su muerte. Aunque los años han pasado, esas marcas se conservan como un elemento simbólico, recordando el día en que “el mártir del proletariado nacional” fue abatido.
Datos a destacar
– En el cementerio general todavía se puede observar el muro donde quedaron incrustadas las balas que terminaron con la vida de Felipe Carrillo Puerto un 3 de enero de 1924.
– Nacido en Motul el 8 de noviembre de 1874, Felipe Carrillo Puerto tomó posesión como gobernador de Yucatán el 1 de agosto de 1922, y es recordado por las obras de tipo social y educativas.
– En 1923 fue derrocado por los rebeldes delahuertistas que intentaban hacerse con el control del país y fue ejecutado el 3 de enero de 1924 en el cementerio general.
Texto y fotos: Manuel Pool




