La conmemoración del 109º aniversario de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917 no solo fue un ejercicio de memoria histórica, sino también una reafirmación de los valores constitucionales que han regido al país durante más de un siglo. En este marco, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo planteó una posición categórica sobre la defensa de la soberanía nacional, que merece atención y análisis responsables por parte de la sociedad y los actores públicos.
Durante la ceremonia oficial, realizada ayer 5 de febrero de 2026 en el Teatro de la República, en Querétaro, la mandataria enfatizó que “México no se doblega, no se arrodilla, no se rinde ni se vende”, y aseguró que la nación no regresará a ser colonia ni protectorado de nadie ni entregará sus recursos naturales.
Estas declaraciones, pronunciadas ante representantes de los tres poderes de la Unión, gobernadores y legisladores, no solo son simbólicas. Se insertan en un contexto político y diplomático más amplio en el que temas como la cooperación internacional, la protección de los recursos estratégicos y la relación con socios extranjeros —particularmente con Estados Unidos— están en el centro del debate público.
La soberanía nacional, entendida como el poder supremo y exclusivo del Estado para decidir sobre su destino sin injerencias externas, es un principio consagrado en la Constitución desde su promulgación. Su defensa no es un mero lema: es un compromiso que implica políticas públicas claras, respeto al marco jurídico internacional, y, sobre todo, equilibrio entre cooperación y autonomía.
La postura de la presidenta plantea desafíos y responsabilidades. Por un lado, subrayó la importancia de preservar la independencia del país frente a presiones foráneas; por otro, requiere de un diálogo constante con instituciones, sectores productivos y la ciudadanía.
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a conmemoración del 109º aniversario de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917 no solo fue un ejercicio de memoria histórica, sino también una reafirmación de los valores constitucionales que han regido al país durante más de un siglo. En este marco, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo planteó una posición categórica sobre la defensa de la soberanía nacional, que merece atención y análisis responsables por parte de la sociedad y los actores públicos.
Durante la ceremonia oficial, realizada ayer 5 de febrero de 2026 en el Teatro de la República, en Querétaro, la mandataria enfatizó que “México no se doblega, no se arrodilla, no se rinde ni se vende”, y aseguró que la nación no regresará a ser colonia ni protectorado de nadie ni entregará sus recursos naturales.
Estas declaraciones, pronunciadas ante representantes de los tres poderes de la Unión, gobernadores y legisladores, no solo son simbólicas. Se insertan en un contexto político y diplomático más amplio en el que temas como la cooperación internacional, la protección de los recursos estratégicos y la relación con socios extranjeros —particularmente con Estados Unidos— están en el centro del debate público.
La soberanía nacional, entendida como el poder supremo y exclusivo del Estado para decidir sobre su destino sin injerencias externas, es un principio consagrado en la Constitución desde su promulgación. Su defensa no es un mero lema: es un compromiso que implica políticas públicas claras, respeto al marco jurídico internacional, y, sobre todo, equilibrio entre cooperación y autonomía.
La postura de la presidenta plantea desafíos y responsabilidades. Por un lado, subrayó la importancia de preservar la independencia del país frente a presiones foráneas; por otro, requiere de un diálogo constante con instituciones, sectores productivos y la ciudadanía.



