Mario Barghomz
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La historia del amor comienza en los tiempos míticos de la antigua civilización griega, cuna del arte, la literatura, la filosofía, la medicina y todo aquello sobre lo que a cultura se refiere en Occidente.
El amor no es ajeno a ello. Cuenta el mito que en una ciudad griega (no se precisa cuál) vivía una joven llamada Psique (alma), y que no había mujer más hermosa que ella. El rumor de su belleza llegó a oídos de Afrodita, la diosa del amor y la belleza. Y tan celosa se puso que llamó a Eros (cupido), su hijo, para que bajara del Olimpo a la ciudad y averiguara sobre tal muchacha. Y de ser cierto que era tan hermosa, clavara una flecha en su corazón para que se enamorara de la más horrible y peor de las criaturas. Así lo hizo Eros, pero al verla y no bien hubo preparado la flecha, quedó tan fascinado por su hermosura que la flecha resbaló de su arco y se clavó en uno de sus dos pies, quedando así él mismo enamorado de ella.
Esta es la historia de alma y amor (Eros y Psique) que con el tiempo definió todo aquel sentimiento y deseo de un amor por otro, y que no cambió a través del tiempo. Tuvieron una hija llamada Hedoné que literalmente significa “placer” (gozo que se siente en el alma). El amor es eso; dos que se encuentran y al mirarse se desean para estar juntos, para entregarse el uno al otro. El resultado será el gozo y la satisfacción del amor, de querer y sentirse amado.
Shakespeare también cuenta una historia; la de Romeo y Julieta. Son dos también que se encuentran y al mirarse se desean. Julieta le promete a Romeo ser suya para siempre. No ser más una Capuleto (su apellido) sino una Montesco (apellido de Romeo). Romeo se casa con ella, pero la tragedia lo confronta. Es desterrado de Verona y en su ausencia aparentemente Julieta muere. Al regresar y creer que está muerta, se quita la vida. Julieta al despertar de su letargo y ver junto a ella el cuerpo inerte de su amado, también hará lo mismo. Así nos muestra Shakespeare que el amor no solo es dicha, sino también desgracia y pena como ya antes lo había descrito Platón a través de Sócrates en uno de sus Diálogos.
La historia que cuenta Platón sobre el amor aparece en “El Banquete”, y dice en voz de su maestro: Amor es hijo de Poros, su padre; dios de la abundancia y todo lo que ésta provee para vivir sin escasez. Pero también de Penia, su madre; diosa de la pena, la pobreza, el sufrimiento y la desgracia. Por ello que toda historia de amor no siempre sea afortunada, o el gozo y la felicidad de estar enamorados o amar profundamente, no duren para siempre. El amor también hace sufrir a los que aman cuando se sienten rechazados o poco atendidos por un amor no correspondido; cuando la escasez del amor es más que su abundancia. Cuando resulta que no es mucho y a veces, nada.
En su historia sobre “Las desventuras del joven Werther” (que también se publicó en español sólo como Werther), Goethe, el padre de la literatura alemana, cuenta la historia de un joven (Werther) enamorado de una muchacha que a él no lo ama. La historia se cuenta de manera epistolar a través de cartas que Werther le escribe a su amigo Wilhem, pero la última va dirigida a Carlota (su amada) donde le cuenta su desgracia y su tristeza por no sentirse correspondido en el amor que siente por ella. Profundamente desdichado, Werther se quita la vida.
Esta es la historia del amor que todo ser humano busca esperando ser comprendido y no rechazado. Amor que nos sostiene y alimenta el alma como género humano. Porque ¿quién no quiere amar? ¿Quién no quiere ser amado a pesar de lo que el amor mismo nos depare o disponga?




