Tarde de emoción y bravura en la Plaza Monumental de Mérida

Con la Monumental de Mérida al 90 por ciento de su capacidad, la afición taurina vivió una tarde intensa, marcada por la lluvia intermitente y un ambiente cargado de emoción. Siete toros de la ganadería Pozo Hondo saltaron al ruedo bajo un cielo nublado que, lejos de apagar la fiesta, añadió dramatismo a cada faena.

El rejoneador Cuauhtémoc Ayala abrió plaza entre aplausos, rechiflidos y gotas persistentes. Su labor fue de menos a más: templó los ánimos y al toro hasta someterlo tras una larga batalla. La entrega terminó por inclinar al público a su favor.

El turno fue después para el español Antonio Ferrera, quien enfrentó a “El Habanero” (510 kilos) y a “Vencedor” (570 kilos). Mostró oficio, técnica y serenidad, pero la espada no le permitió redondear sus faenas. Se fue sin trofeos, pese a su esfuerzo en el ruedo.

Entre toro y toro, la tribuna se hizo escuchar. El reclamo fue claro y repetido: “Música, música”, exigían los asistentes ante la escasa intervención de la banda.

Mientras los tres toreros al salir cada “bestia” al ruedo, colocaron las banderillas en cada animal, para iniciar con la faena.

Por su parte, el venezolano Jesús Enrique Colombo encendió la plaza con entrega y conexión inmediata. Ante “Mitotero” (505 kilos) y “Guantero” (580 kilos), mostró valor y determinación. Su actuación fue vibrante y efectiva: cortó dos orejas y se consolidó como uno de los triunfadores de la tarde.

La pasión alcanzó su punto más alto con la aparición de Andrés La Graviere “El Galo”. En su primer turno, frente a “Pintadito” (510 kilos), realizó una faena que metió al público en el bolsillo.

La estocada fue certera y el toro cayó, pero el juez de plaza negó la oreja, desatando la inconformidad en los tendidos. “Torero, torero, torero, torero”, coreaba la afición mientras reclamaba con fuerza la decisión.

Para cerrar, “El Galo” volvió al ruedo ante “Carajillo” (580 kilos). Esta vez, su actuación fue premiada con una oreja y se despidió entre ovaciones, con la plaza rendida a su entrega y los pañuelos blancos ondearon.

“Muy contento, con una sonrisa del público, y poderme entregarme por lo que tenia adelante (los toros) e hice los máximo que tuve en mis manos. Hice todo para salir feliz”, dijo “El Galo”.

Así, entre lluvia, polémica y momentos de auténtica emoción, la Monumental volvió a latir con fuerza, recordando que en Mérida la tradición taurina se vive con pasión.

Texto y foto: Alejandro Ruvalcaba