Eligio Ancona, Benemérito del Estado de Yucatán, fue un político y literato que también destacó como historiador de la región. Hoy comparto algunas anécdotas familiares que escuché de boca de mis tías y tíos y que, hasta ahora, habían permanecido inéditas.
Las siguientes anécdotas fueron contadas por Ada Esther Herrera, sobrina nieta de Eligio Ancona y por Maricarmen Ancona, nieta de éste.
Una sonámbula en la familia
Se dice que don Eligio Ancona, durante su periodo como gobernador de Yucatán solía llegar tarde a casa. Doña Manuela Albertos Zavalegui, su esposa, ya había acostado a los hijos y se había ido a dormir. Sin embargo, cuentan que, al escuchar la llegada de su marido, se levantaba: ponía la mesa, calentaba la cena, lo atendía, conversaba con él y, una vez terminaban, ambos se iban a dormir. A la mañana siguiente, doña Manuela no recordaba absolutamente nada. Todo lo había hecho en estado de sonambulismo.
Beso fatal
Cuando Héctor, uno de los hijos de Eligio Ancona, apenas en la preadolescencia, enfermó gravemente de tuberculosis, su madre, Manuelita, decidió comer del mismo plato y beber del mismo vaso que él, asegurándole que no era grave. El muchacho estaba convencido de que iba a morir. Para consolarlo y demostrarle que no era cierto, doña Manuela le dio un beso en la boca a su hijo, gesto que no cambió el fatal desenlace.
Las siguientes anécdotas provienen de Mónico Prieto, nieto de Antonio Ancona diputado constituyente de México (1916-1917).
Antonio Ancona, mejor conocido por su pseudónimo periodístico Mónico Neck es conocido tanto en crónicas como en los recuerdos de su familia, como un hombre de gran personalidad, carismático y despreocupado.
Un personaje ilustre y un borrachín
Mónico Neck transitaba en un vehículo de transporte público en la Ciudad de México, sobre la calle de Eligio Ancona, unas personas que iban en el asiento de enfrente, comentaron que quién habría sido el personaje que llevaba el nombre de la calle y se refirieron a él, como si se tratara de un borrachín. Antonio, al escucharlo, les comentó que se trataba de un personaje muy importante en la historia y que había sido su padre. Les respondió que el borracho era él.
La mesa no es tuya
Cuando Mónico Neck llegó a Ciudad de México a vivir con su esposa Carmita, no tenían muebles, entonces la vecina caritativa les prestó una mesa, tiempo después, ella les solicitó la devolución de la misma. Mónico al llegar a casa a comer, se dio cuenta que no estaba y le reclamó a Carmita porque había entregado la mesa, como si fuera de él.
Comamos y bebamos, que mañana moriremos
En el momento de la muerte de Eligio Ancona y de su esposa Manuela Albertos, sus hijos pasaron al cuidado de su tío Rafael Albertos, conocido como el viejo Albertos, dueño del edificio que hoy se le conoce como Pasaje Picheta. Al cumplir 18 años Antonio recibió un dinero por parte de su tío como su herencia así que fue a la cantina “El Caribe” que se encontraba en la parte interior del parque Hidalgo e invitó sus amigos y cerraron el local y no salieron hasta que se acabó todo… incluyendo la herencia.
E
ligio Ancona, Benemérito del Estado de Yucatán, fue un político y literato que también destacó como historiador de la región. Hoy comparto algunas anécdotas familiares que escuché de boca de mis tías y tíos y que, hasta ahora, habían permanecido inéditas.
Las siguientes anécdotas fueron contadas por Ada Esther Herrera, sobrina nieta de Eligio Ancona y por Maricarmen Ancona, nieta de éste.
Una sonámbula
en la familia
Se dice que don Eligio Ancona, durante su periodo como gobernador de Yucatán solía llegar tarde a casa. Doña Manuela Albertos Zavalegui, su esposa, ya había acostado a los hijos y se había ido a dormir. Sin embargo, cuentan que, al escuchar la llegada de su marido, se levantaba: ponía la mesa, calentaba la cena, lo atendía, conversaba con él y, una vez terminaban, ambos se iban a dormir. A la mañana siguiente, doña Manuela no recordaba absolutamente nada. Todo lo había hecho en estado de sonambulismo.
Beso fatal
Cuando Héctor, uno de los hijos de Eligio Ancona, apenas en la preadolescencia, enfermó gravemente de tuberculosis, su madre, Manuelita, decidió comer del mismo plato y beber del mismo vaso que él, asegurándole que no era grave. El muchacho estaba convencido de que iba a morir. Para consolarlo y demostrarle que no era cierto, doña Manuela le dio un beso en la boca a su hijo, gesto que no cambió el fatal desenlace.
Las siguientes anécdotas provienen de Mónico Prieto, nieto de Antonio Ancona diputado constituyente de México (1916-1917).
Antonio Ancona, mejor conocido por su pseudónimo periodístico Mónico Neck es conocido tanto en crónicas como en los recuerdos de su familia, como un hombre de gran personalidad, carismático y despreocupado.
Un personaje ilustre
y un borrachín
Mónico Neck transitaba en un vehículo de transporte público en la Ciudad de México, sobre la calle de Eligio Ancona, unas personas que iban en el asiento de enfrente, comentaron que quién habría sido el personaje que llevaba el nombre de la calle y se refirieron a él, como si se tratara de un borrachín. Antonio, al escucharlo, les comentó que se trataba de un personaje muy importante en la historia y que había sido su padre. Les respondió que el borracho era él.
La mesa no es tuya
Cuando Mónico Neck llegó a Ciudad de México a vivir con su esposa Carmita, no tenían muebles, entonces la vecina caritativa les prestó una mesa, tiempo después, ella les solicitó la devolución de la misma. Mónico al llegar a casa a comer, se dio cuenta que no estaba y le reclamó a Carmita porque había entregado la mesa, como si fuera de él.
Comamos y bebamos, que mañana moriremos
En el momento de la muerte de Eligio Ancona y de su esposa Manuela Albertos, sus hijos pasaron al cuidado de su tío Rafael Albertos, conocido como el viejo Albertos, dueño del edificio que hoy se le conoce como Pasaje Picheta. Al cumplir 18 años Antonio recibió un dinero por parte de su tío como su herencia así que fue a la cantina “El Caribe” que se encontraba en la parte interior del parque Hidalgo e invitó sus amigos y cerraron el local y no salieron hasta que se acabó todo… incluyendo la herencia.



