Cáritas de Yucatán, el oasis del sediento y necesitado

La agrupación apoya a la gente con vivienda, educación, consultas médicas, cirugías, medicamentos y asesoría legal, entre otros

Numerosas personas que requieren ayuda y acuden a la agrupación Cáritas de Yucatán, que fue fundada por Eduardo Seijo Gutiérrez, seguro la encuentran.

La organización altruista apoyó a la gente  con vivienda, educación, consultas médicas, cirugías, medicamentos, asesoría legal, entre otros.

La institución atiende distintas situaciones por las que atraviesan necesitados. Llevan un “control de caso”, en el que detallan el problema y los datos generales de la persona o familia. Posteriormente, proceden a efectuar una visita domiciliaria de solidaridad fraterna, para ponerse en el lugar del necesitado y tener una mejor idea de cómo ayudarlo a salir de su postración y que sea protagonista de su propio desarrollo.

Tras lo anterior, invitan a personas a que se solidaricen con ellos, que buscan una solución a su problema que puede ser de desempleo, enfermedad, viudez, orfandad y tantas circunstancias por las que son vulnerables. Estos requerimientos son los que se plantean en el “Llamado a la caridad”. Se busca que los bienechores vean en la institución la oportunidad de servir a Dios en los más pobres siguiendo a Jesucristo.

Trabajan por la misión y administrados, a semejanza de la matriz, promueven la obra en su área de influencia, atendiendo las necesidades de los más pobres de acuerdo con las capacidades de sus integrantes.

Se recordó que el 6 de enero de 1986 nació la obra apostólica Compartir. Posteriormente, el 8 de septiembre de 1988, fue creada Cáritas de Yucatán. Ambas fueron fundadas por Seijo Gutiérrez y aprobadas por el arzobispo de la Arquidiócesis de aquel tiempo, monseñor Manuel Castro Ruiz. Años después, el 22 de diciembre de 1998, fueron fusionadas las dos obras bajo el único nombre de Cáritas de Yucatán, ante la presencia del Arzobispo de Yucatán, monseñor Emilio Carlos Berlié Belaunzarán y del arzobispo emérito, monseñor Manuel Castro Ruiz.

Es significativo señalar que una de las primeras filiales de Compartir vio la luz en la Parroquia de la Purísima Concepción de Progeso, Yucatán, a cargo, en ese entonces, del presbítero y hoy monseñor, Adriano Wong Romero.

La fundación fue pilar para apoyar a damnificados del catastrófico huracán Gilberto, que en 1988 paralizó al estado, ya que su furia arrasó con casas de láminas, árboles, propició inundaciones en granjas y hasta alguna carretera tuvo un corte.

Desde sus inicios, la dirección de la obra ha estado a cargo de seglares integrantes de la obra, asistidos por los sacerdotes, y ha contado con sus estatutos, mismos que son parte medular de la presente guía.

La misión tiene dos dimensiones: una que atiende las necesidades de orden espiritual, donde lo más importante es testimoniar y animar la caridad, así como difundir la DSI a través de la filial denominada “Escuela de Doctrina Social de la Iglesia Juan Pablo II”; la otra se ocupa de las necesidades de orden material. Ambas dimensiones se complementan teniendo como fin contribuir a la construcción de la civilización del amor.

La dimensión de orden práctico promueve prioritariamente soluciones a los problemas materiales de los más pobres, sin olvidar sus necesidades de orden espiritual, ya que la evangelización ha de estar presente como primer paso, tanto en cuanto a la promoción humana como en cuanto a la asistencia.

En cuanto a la Promoción Humana, el alcance de esta área abarca campos como: el de la salud, de la capacitación, el del trabajo, el orden demográfico y el ecológico. El servicio de promoción humana está encaminado a: lograr que el hombre sea protagonista de su propio desarrollo.

En cuanto a la asistencia, este servicio se enfoca a los casos de necesidad urgente de: alimento, vestido, medicina, asistencia médica, vivienda, etc.

Las Filiales de Cáritas de Yucatán trabajan por la misión y organizan una administración, a semejanza de la matriz.

También cuentan con Cáritas Juveniles, que es un espacio que se ofrece para que los jóvenes vivan su fe mediante la ayuda al prójimo y a la promoción del espíritu de la caridad en la arquidiócesis. También el servicio quiere contribuir a la formación de futuros apóstoles para la extensión del Reino de Dios.

Texto: Darwin Ail

Fotos: Cortesía

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