Changemaker

SOFÍA MORÁN

El pasado 19 de febrero cumplí dos sueños al mismo tiempo, en dos países distintos, conectados por la convicción de que las juventudes podemos transformar realidades. Ese día me encontraba en Manaus, Brasil, en el corazón del Amazonas, participando como panelista en el Student Energy Summit 2026, la cumbre juvenil más grande del mundo sobre transición energética. Ante más de 200 jóvenes de todo el planeta, compartí mi historia como activista climática, comunicadora y profesional Steam en el panel “Changemakers”, justo en la sesión inaugural. A mi lado estaban Disa, una joven indígena de Canadá que lucha por la participación de las juventudes originarias en su comunidad; Maheep, un profesional con una trayectoria impresionante que incluye haber asesorado al ministro de medio ambiente de Canadá; y Brian, un joven excepcional de Uganda que fundó su propia escuela secundaria para impulsar proyectos de impacto social en su comunidad. Escuchar sus historias y compartir la mía fue un sueño hecho realidad que me permitió dar ánimo a quienes inician en el activismo y renovar la fuerza de quienes ya llevamos tiempo en este camino que inicia sin apoyo ni herramientas.

Ese mismo día, mientras yo estaba en Brasil, el Honorable Congreso del Estado de Yucatán me otorgaba el mérito juvenil “Efraín Calderón Lara” en el ámbito académico, por mi trabajo en la divulgación de las ciencias climáticas. Como no pude asistir, mi abuela recibió el reconocimiento en mi representación. Ella, pilar de mi formación, recibió el legado del luchador social que inmortaliza el galardón. Este reconocimiento no es solo un premio personal, es una victoria para visibilizar la causa climática en Yucatán.

No comparto esta anécdota para presumir logros personales sino para visibilizar lo que una joven yucateca afrodescendiente de universidad pública puede lograr con perseverancia. Pero más importante aún, para proyectar que no soy la única. Somos muchos jóvenes en Yucatán, en México y en el mundo que estamos preocupándonos y ocupándonos de las problemáticas que observamos en nuestras comunidades. Jóvenes con ideas innovadoras y creativas, que buscan impactar positivamente la vida de muchas personas. Lo digo con conocimiento de causa porque conozco a decenas de ellos, jóvenes de todos los continentes que luchan desde sus trincheras por las mujeres, las infancias, los pueblos originarios, la igualdad social, la justicia, la participación ciudadana, las personas migrantes, la paz, la biodiversidad, los animales y el planeta.

Somos parte de una red sin nombre, una alianza sin establecer formalmente, pero que se construye en cada encuentro, en cada conversación sincera y en cada intercambio de ideas. Jóvenes que enfrentamos un sistema que agrava nuestros obstáculos personales, pero que nos negamos a rendirnos. Jóvenes que hemos aprendido que la solidaridad entre pares es el combustible más poderoso para sostener luchas que, a menudo, no nos dan dinero para comer, pero sí nos dan energía para vivir.