MARIO BARGHOMZ
Escritor (ensayista y crítico de arte), Filósofo Humanista y Master en Psicoterapia.
Hoy sabemos, gracias a los nuevos hallazgos de la neurociencia, que cuerpo y alma están conectados. Que Descartes se equivocó en su separación humanista. Las emociones no son ajenas a la salud o las enfermedades del cuerpo. Asimismo, la melancolía y la tristeza que están íntimamente ligadas desde el pensamiento mismo (neurobiología) o los sentimientos (sistema límbico); determinan como reactivos o reactores, un estado de enfermedad o de salud plena.
Toda enfermedad guarda en sí misma un conflicto psicológico. No hay enfermedad (aún aquellas que se diagnostican por vía genética) que no mantenga una relación tácita o mediática, con el estilo o modo de vivir de una persona, con su manera personal de percibir el mundo ante situaciones difíciles o incómodas.
La ansiedad, por ejemplo, es natural pero también inconsciente, generada dentro de nuestro sistema nervioso por agentes bioquímicos que responden a una situación de estrés o angustia ante un evento extraordinario o repentino.
La enfermedad de Alzheimer que se diagnostica como un desgaste patológico de la mente, como un proceso de generativo en cierto tipo de cerebros de edad ya avanzada; es por supuesto un desgaste y también una alteración del sistema nervioso. Sin embargo, puede leerse también como un agotamiento o cansancio de alma (de la mente), como un escape o huida de una realidad que ya no se está dispuesto a aceptar, y la mente o pensamiento (la memoria en concreto) se evaden.
Lo que el enfermo de Alzheimer busca es evadirse de la realidad, estar lejos de ella o presente a través de su ser consciente.
Nuestro cuerpo humano tiene un nivel natural de resistencia de cero a cien. Si nuestra salud es óptima, nuestra resistencia será completa. Pero si ésta está deteriorada o es mínima, nuestra fortaleza se verá mermada dependiendo de nuestro grado de salud. Y no me refiero sólo a nuestra salud orgánica o física, sino también metal y emocional.
Una persona demasiado triste, resentida o frustrada, ansiosa o colérica; no será en ningún sentido fuerte o resistente ante los acontecimientos de su vida, sino débil. Cualquier asunto, por menos importante que sea; puede quebrarla o deprimirla.
La ira, por ejemplo, que hoy le parece tan natural al ser humano; no es sino frustración contenida, incontinencia emocional de una persona resentida, chantajista y controladora que no está en paz. La debilidad de un iracundo está en su propia falta de estabilidad emocional, en el enojo fácil que hace suyo como parte de su pobre personalidad, ignorando su poco afecto por sí mismo y el de su ser interior.
El iracundo en su enojo hace siempre culpable a los demás o a cualquier situación fuera de su capacidad de control o entendimiento. “La ira es una exaltación del estado afectivo, una rebelión interior del sujeto enojado inca- paz de contenerse o negociar”. A nivel orgánico el enojo aparece por un exceso de toxinas en el hígado que ese órgano encargado de limpiar y purificar la sangre. La ira como tal, entonces, proviene de una sangre sucia, envenenada de toxinas, turbia y no limpia. Por ello puede decirse que el ser que se enoja está sucio y contaminado de emociones negativas, de células emocionales del pasado (lejano o inmediato) que no ha renovado o regenerado, de situaciones inconvenientes en su vida a las que no ha sabido dar orden y sentido. Por eso está enojado.
Y su enojo no es sino una expresión de la locura de la ira; la rabia, el grito, la amenaza y la grosería.
Un cuerpo enojado es un cuerpo tenso, tieso, con poca flexibilidad y apertura para la respiración. De aquí que el corazón también se contraiga y el cerebro padezca de migrañas. Una buena circulación de la sangre depende de un buen proceso cardiovascular en donde quedan vinculados corazón, pulmones y cerebro; tres órganos que dado un estado de tensión cerebro-cardio-vascular, sin duda quedarán afectados.
Habrá que pensar más en nuestra buena relación mente (alma)-cuerpo, para evitar males mayores, padecimientos crónicos o muerte súbita.




