El amor y la felicidad

Mario Barghomz

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El amor etimológicamente es propio del alma (Psique) y la felicidad producto de los sentimientos (de la “buena fortuna” decían los antiguos griegos), de la sensación o el sentido de sentirse bien. Y aunque los dos conceptos parezcan entrelazados, la felicidad no prescinde necesariamente del amor a menos que se trate de amar lo que se hace, lo que se piensa o cómo se vive. Amar la vida que se vive o el mundo donde se respira.

Pero para el amor la felicidad será siempre necesaria. No se puede amar sin ser feliz (aunque la cara oscura del amor sea el infortunio o sufrimiento). Todo el que ama o es amado debe sentirse feliz. El sentirse afortunado, lleno de dicha; se deriva invariablemente del placer de amar o sentirse amado. Amor y felicidad (alma y dicha) se conjugan para crear un estado de gozo y completud que satisface la felicidad de quienes aman.

Pero cuando se trata solo de felicidad, ésta suele venir de cualquier parte; de un golpe de suerte (diría Shakespeare) o de ánimo, de satisfacción personal por algún logro alcanzado, del buen estado económico o la recuperación de la salud después de una larga enfermedad, de la plenitud de una paz encontrada o el gozo que nos da la vida misma en nuestra bienaventuranza.

Sin embargo, en su semejanza, amor y felicidad, así como son sensaciones tanto independientes como complementarias, suelen ser a la vez sentimientos intensos o livianos, frágiles o muy vigorosos, pero, casi siempre, expuestos a situaciones más bien breves que constantes, al cuidado permanente de quien se siente dichoso o enamorado. Es decir, al mantenimiento mismo que se les da para que no se diluyan o desaparezcan. Porque suelen hacerlo, estar y luego irse, ser intensos y luego, nada. Así como un día comienzan, también se acaban, y no necesariamente con la muerte.

Amor y felicidad no están siempre, son sentimientos bastante espurios y sensaciones que permanecerán dependiendo de cómo los tratemos, de cómo alimentemos su bienestar para que se queden. Y si algún día estuvieron para luego ya no estar nunca o solo a veces, querrá decir que les fallamos. Que no hicimos lo necesario y suficiente.

No, no es tarea fácil amar siempre como tampoco ser felices de por vida. Felicidad y amor dependerán invariablemente de nuestros alcances, de nuestra voluntad y ánimo, de nuestra determinación y entusiasmo, de nuestra propia capacidad y la naturaleza subjetiva de nuestra inteligencia.

Quien juzgue al amor o a la felicidad por no estar presentes en su vida, culpándolas de ingratitud o poca suerte, será más por amargura y decepción que por la oportunidad que ellos mismos no supieron darles. Llorar por decepción y lamentar no ser felices, será solo prueba de que en su oportunidad no escucharon la voz de su cuerpo y corazón, negándoles el suficiente espacio o ni siquiera abriéndoles cuando felicidad y amor tocaron a su puerta.