El máximo depredador de las selvas tropicales de América enfrenta un escenario cada vez más complejo, debido a la pérdida de hábitat, los conflictos con la ganadería y el tráfico ilegal de sus partes
Durante un panel sobre la conservación de fauna silvestre, el biólogo y doctor en ciencias Anuar David Hernández Saint Martín advirtió que el jaguar, máximo depredador de las selvas tropicales de América, enfrenta un escenario cada vez más complejo en la península de Yucatán, debido a la pérdida de hábitat, los conflictos con la ganadería y el tráfico ilegal de sus partes.
El especialista, responsable del Programa de Conservación de Felinos de Pronatura Península de Yucatán, explicó que el jaguar, conocido en la región como Balam, es una especie prioritaria para la conservación en México y se encuentra protegida por la NOM-059-SEMARNAT-2010, que la cataloga como especie en Peligro de Extinción (P). Esta norma prohíbe su captura, posesión y comercio, y su cumplimiento es vigilado por la Profepa, en coordinación con convenios internacionales.
“El jaguar es una especie muy importante, es el máximo depredador de los bosques tropicales de América, es el carnívoro principal en las selvas yucatecas, y actualmente está en una veda permanente desde 1987, eso quiere decir que no se puede cazar un jaguar bajo ningún esquema”, detalló Saint Martín.
El biólogo explicó que este felino cumple un papel clave en el equilibrio de los ecosistemas, ya que mediante la depredación regula las poblaciones de herbívoros que consumen plantas, manteniendo funcional la cadena alimenticia.
“Entonces, cuando mantiene bajo control a las especies de herbívoros, permite que el bosque se regenere, que crezcan las plántulas, que germinen las semillas. Cuando el jaguar desaparece, estos aumentan sin control y eventualmente la selva colapsa, a lo largo del tiempo”, explicó.
Agregó que el jaguar requiere grandes extensiones de territorio, con ecosistemas sanos, abundancia de presas y disponibilidad de agua, por lo que su presencia es un indicador de buena salud ambiental.
“Por eso consideramos al jaguar como una especie sombrilla; lo que hagamos para conservar al jaguar en realidad está protegiendo a toda la biodiversidad que existe en los sitios en los que habita, por eso hacemos el llamado a cuidarlo, que se vuelve al mismo tiempo cuidar las selvas, los manglares y las sabanas”, señaló.
El especialista subrayó que la conservación del jaguar impacta directamente en la calidad de vida humana, ya que protege los sistemas naturales de los que depende la región.
“Es el agua que tomamos, los nutrientes que llegan a los manglares que crían a los peces que consumimos, los polinizadores que fertilizan las plantas que comemos y finalmente todo el proceso de oxígeno y captura de carbono que nos beneficia como humanidad”, afirmó.
Saint Martín destacó además la profunda relación cultural del jaguar con los pueblos mayas desde hace miles de años.
“Los mayas antiguos, como los mayas presentes, ven al jaguar como un ser que habita en distintas dimensiones del mundo; ven en sus manchas las estrellas del cielo o lo ven en la luna, que le da mordidas al sol cuando hay un eclipse”, explicó.
El felino es considerado “el señor de los animales, el dueño de los animales, el que cuida a los animales; es la especie que cuando ruge llama a la lluvia y sigue siendo invocada en ceremonias mayas para proteger a la gente, las milpas y los cultivos, además de ser un símbolo de valentía, poder y elegancia”.
En la Península de Yucatán se concentra la segunda población más grande de jaguares del continente americano, junto con las selvas de Belice y Guatemala; sin embargo, su número es menor de lo estimado.
“Una publicación que salió este año dice que en toda la península yucateca podría haber entre 780 y mil 460 jaguares, es decir, no hay tantos como pensábamos que había, y Yucatán es el estado con menos jaguares de toda la península”, explicó.
Detalló que el felino se distribuye principalmente en zonas periféricas, costas del Golfo de México y áreas centrales del estado, con una presencia creciente en la Reserva Biológica del Puuc.
“El jaguar está presente en estas zonas y cada día hay más evidencias de su importancia en la reserva del Puuc, donde cada vez tenemos más registros”, indicó.
El especialista reconoció que existe una relación complicada entre el ser humano y el jaguar, principalmente por la expansión de infraestructura y la actividad ganadera.
“Si bien en Yucatán aún no es un problema significativo, no convive bien con la infraestructura; es común que los atropellen. De hecho, la carretera Cancún-Chetumal es la vía del norte del continente americano donde se atropellan más grandes felinos”, advirtió.
Añadió que los ataques al ganado generan conflictos directos con los productores rurales.
“Los ‘gatos salvajes’ han acudido a ranchos donde atacan vacas, toros, cabras, borregos y cerdos, lo que genera una relación que generalmente no es amigable entre el ganadero y el felino”, explicó.
Ante esta problemática, Pronatura impulsa Áreas Destinadas Voluntariamente a la Conservación, tanto privadas como comunitarias, para preservar hábitats del jaguar.
“Pronatura desde hace 25 años tiene una reserva en el oriente de Yucatán, el área de conservación El Zapotal, que desde 2002 ha destinado más de cuatro mil hectáreas a la conservación a perpetuidad, además de trabajar con 11 ejidos que abarcan unas 50 mil hectáreas”, señaló.
En la zona se han instalado cámaras trampa para el monitoreo de la especie.
“Hemos identificado a cada uno de los individuos que han pasado por el sitio y sabemos que entre 2024 y 2025 se han detectado 80 jaguares distintos, machos y hembras; todos los años, desde 2015, registramos al menos un cachorro”, detalló.
No obstante, advirtió que cuando los jaguares atacan al ganado suelen ser cazados o heridos por los rancheros.
“Se detectó que una sola hembra mató más de 20 borregos en un mes; fue una situación complicada, pero trabajamos con ellos y establecimos medidas antidepredatorias, como un cerco eléctrico que evitó que el jaguar entrara al rancho”, explicó.
Finalmente, hizo un llamado a los ganaderos a buscar alternativas antes de recurrir a la caza.
“Es bien fácil producir ganado donde no hay gatos, pero los más buenos ganaderos son los que conviven con el jaguar”, afirmó.
Agregó que, con apoyo de autoridades locales y federales, se trabaja para frenar el tráfico ilegal de la especie y garantizar su movilidad.
“Que los jaguares puedan moverse libremente en el territorio yucateco; cada vez detectamos más hembras con crías en sitios donde teóricamente no deberían estar, incluso en zonas como Chichén Itzá”, concluyó el especialista.
Texto y fotos: Alejandro Ruvalcaba



