Kenia Walldina olvida a mujeres trabajadoras

Umán alberga una de las zonas industriales más importantes de Yucatán, pero también exhibe una de las omisiones más graves del Ayuntamiento: la falta de atención a los servicios públicos básicos, particularmente en materia de seguridad, un rubro sensible que afecta de manera directa a mujeres, trabajadoras e infancias.

Un ejemplo evidente del abandono institucional es la situación de dos paraderos del transporte público, ubicados sobre la carretera a Mérida, a la altura del fraccionamiento San Lorenzo, espacios que permanecen en el olvido bajo la administración de la alcaldesa Kenia Walldina Sauri Maradiaga, pese a tratarse de puntos de alto tránsito y riesgo.

Durante un recorrido nocturno realizado por Peninsular Punto Medio, alrededor de las 21:30 horas, se constató que ambos paraderos carecen por completo de alumbrado público, lo que los convierte en zonas oscuras e inseguras para quienes dependen del transporte colectivo, especialmente durante la noche.

El primer paradero, ubicado en el sentido Mérida–Umán, frente al acceso al fraccionamiento, cuenta con una estructura aparentemente digna: techo, ventilación y pintura reciente. Sin embargo, no tiene lámparas, conexiones eléctricas, acceso a internet gratuito ni botón de pánico para emergencias. A ello se suma la acumulación de basura y malos olores, lo que refuerza la sensación de abandono.

El segundo paradero, en el sentido contrario, es aún más precario. Se trata de una estructura reducida, con apenas dos bancas de concreto, recientemente pintadas con colores alusivos al partido político de la alcaldesa. Tampoco cuenta con iluminación propia, servicios eléctricos ni algún mecanismo de seguridad.

Además, ninguno de los dos paraderos está conectado mediante paso peatonal elevado, semáforo o señalización adecuada, a pesar de que en ese tramo circulan diariamente motocicletas, automóviles, camiones de transporte público y unidades de carga pesada, incrementando el riesgo de accidentes. “Sí da miedo bajarte del camión, está oscuro y solo. Ahorita son casi las 10 de la noche, pero a las doce nadie te protege. No tiene luminarias, y las mujeres que entran o salen de trabajar de las fábricas ya de noche… imposible, da miedo”, expresó Eduardo, vecino del fraccionamiento, tras descender de una unidad del transporte público.

Mientras la alcaldesa destina millones de pesos a fiestas y eventos municipales, la seguridad cotidiana —la que protege la integridad de mujeres trabajadoras— queda relegada, evidenciando una clara desconexión entre el gasto público y las verdaderas necesidades del municipio.

Texto y foto: Redacción