La movilidad es un derecho fundamental de la ciudadanía y, al mismo tiempo, una obligación ineludible de las autoridades municipales, responsables de garantizar infraestructura segura, funcional y digna para automovilistas, motociclistas, ciclistas y peatones. No obstante, en Umán este derecho parece haber sido cancelado por omisión gubernamental.
Calles deterioradas, caminos prácticamente intransitables, ausencia de alumbrado público y una alarmante falta de planeación urbana dibujan un escenario de abandono del Ayuntamiento.
La situación es particularmente grave en las vialidades que conducen a la comisaría de Hunxectamán, cuyo estado deplorable evidencia la falta de atención de la administración encabezada por la alcaldesa Kenia Walldina Sauri Maradiaga.
Baches profundos, hierba que invade la carpeta asfáltica, caminos sin mantenimiento y la inexistencia de señalamientos convierten cada traslado en un riesgo permanente para quienes transitan diariamente por la zona.
“Yo tengo mi casa acá en la comisaría; cuando pido algo por paquetería siempre se pierden los repartidores, y en ocasiones he tenido que ir a buscar mi paquete porque no quieren venir. Está muy oscuro el camino, no hay alumbrado público. Es increíble cómo cambian las cosas: a unos kilómetros está Mérida y todo es diferente”, relató Simón, habitante del municipio.
La precariedad se vuelve más evidente al circular por la avenida Internacional y tomar la desviación hacia Hunxectamán, donde el asfalto dañado y la falta de limpieza reflejan años de desinterés institucional.
Texto y foto: Alejandro Ruvalcaba




