La invisibilidad del limón

CARLOS HORNELAS

carlos.hornelas@gmail.com

En los años noventa, Mc Arthur Wheeler fue capturado por la policía después de haber robado un banco. Wheeler no podía creer que lo habían detenido, simplemente porque se había asegurado de “ser invisible” antes de su fechoría. Y es que alguien le había aconsejado que, si se untaba jugo de limón en el rostro, las cámaras de videovigilancia no lo detectarían. La sorpresa para él fue que, en esa ocasión, el jugo de limón parecía haber fallado.

David Dunning, profesor de psicología de la Universidad Cornell, fue, de alguna manera, inspirado por esta historia. Junto con Justin Kruger condujo una serie de experimentos en los cuales llegaron a la conclusión de que cuanto más incompetente son los sujetos en una determinada área, menos conscientes son de ella. Es decir, la principal ignorancia del ignorante es ignorar que es ignorante, lo cual le hace pensar que es, incluso, más inteligente que el resto. Esto es lo que se conoce con el nombre de “efecto Dunning-Kruger”.

Uno de los principales problemas de los modelos de Inteligencia Artificial en la actualidad es su fiabilidad. Cuando uno ingresa una orden (prompt) o una consulta para obtener resultados, la máquina simplemente no puede no contestar si no tiene la respuesta adecuada, así que, por defecto de programación, se ve obligada a contestar. De este modo se producen las llamadas “alucinaciones”: proporciona respuestas incoherentes, falsas o totalmente inventadas sobre cualquier cosa.

Para dejarlo claro: cuando la IA no tiene la respuesta, de todos modos contesta porque no sabe que no sabe. Es ignorante respecto a su propia ignorancia. Tiene, por así decirlo, un sesgo cognitivo de inicio que le impide no saber que no sabe. Pero tampoco sabe cómo salir de ese ciclo iterativo.

En la Universidad, por suerte, tengo a mis colegasformados en el riguroso pensamiento científico basado en evidencias, hechos y principios epistemológicos que me permiten aterrizar y recapitular cuando creo tener la razón absoluta de las cosas. Porque la Universidad no está para dar certezas al mundo, sino para plantearse todo el tiempo la mayor cantidad de interrogantes a resolver, lo cual constituye el motor de la investigación y el conocimiento. Si se tuvieran todas las certezas de todo, tal vez sería una “alucinación”, o como preferimos decir desde la cátedra: un dogma.

La Universidad, como lo he afirmado antes en otros espacios, está para formar en el pensamiento crítico a los individuos para poder, a través de ciclos iterativos incrementales, enriquecer nuestro saber y potenciar nuestra capacidad de resolver problemas.

Les suelo decir a mis estudiantes que, si alguien se planteara fundar una agencia de publicidad, por ejemplo, y solamente atendiera a la lógica de la empleabilidad, el rendimiento y las ganancias económicas, con 50 dólares al mes tal vez pueda suscribirse a una serie de servicios de Inteligencia Artificial que puedan producir desde un guion, hasta campañas enteras de marketing con estrategias, copys, videos y voces sintéticas. Sin cansarse, sin necesidad de vacaciones, sin pago de horas extra.

No obstante, el horizonte de la educación superior debe, por necesidad trascender la meta de la empleabilidad.