La muerte de un héroe

Jhonny Eyder Euán
jhonny_ee@hotmail.com

Un día como hoy perdí a mi padre, aquel hombre bondadoso que amaba hasta al ser vivo más pequeño del planeta. Tenía ojos grandes y un bigote que nunca se quitaba y que le hacía parecerse a señores que sólo en la televisión y revistas había visto. Por muchos años fue un gran maestro de preparatoria, y para mí fue un ser humano ejemplar, pese a que la prensa se haya burlado de su muerte.

Fue difícil despedirse de él en medio de tanto coraje que mi familia le tuvo a los medios de comunicación. Los diarios se burlaron del accidente que le causó la muerte, hecho que nos indignó tanto que demandamos a la mayoría de los periódicos.

Para empezar, el caso nunca debió salir en los diarios, así lo manifestó mi afligida madre semanas después del suceso. Es cierto que el accidente llamó demasiado la atención por lo aparatoso y por el lugar en que ocurrió, pero mi familia pagó por la privacidad del suceso y nos fallaron.

Mi padre no era alguien importante ni tenía nada que ocultar, simplemente no queríamos que su caso se publicase en los periódicos, y como habían los recursos, mis tíos arreglaron la discreción con los policías que se presentaron en el lugar del accidente.

En frente del auto destrozado, mis hermanos y yo abrazamos a mi madre mientras un muro de uniformados impedían que la gente que se acercó al lugar lograra ver algo del encontronazo que paralizó mi vida.

Ni mis abuelos ni tíos podían creer que algo así haya pasado. Conocían muy bien a mi padre, pero no creyeron que arriesgaría su vida de esa forma. Era inaudito para ellos, pero para mí no tanto.

Desde muy niño me acercaba a él para escuchar lo que leía en voz alta, y así pude conocer ese mundo que traía siempre en sus pensamientos y que en cualquier momento aprovechaba para compartir con los demás. Era mi mejor amigo y no tengo nada que reprocharle. Fue firme en sus ideales hasta el último momento, y por eso es que siempre estaré orgullo de ser su hijo, sin importar que su nombre se haya manchado de burlas y comentarios estúpidos.

No sé qué falló o quién, pero al día siguiente en todos los periódicos de la ciudad se publicó información del accidente. Los medios hablaron con ironía sobre la muerte del profesor que conducía sobre un puente vehicular y cayó al vacío luego de esquivar a un perro que se le atravesó en el camino.

Y no bastó un sólo día de cobertura, el tema ocupó portadas durante dos semanas en las que se hizo hincapié en que el docente prefirió salvar la vida del can que la suya. Los diarios explotaron el tema sin el mínimo respeto a nuestro dolor. Incluso fueron capaces de publicar datos falsos o exagerar otros con tal acrecentar el morbo en torno al fatal accidente.

Cada año como hoy lo recuerdo con gran amor. Era un buen tipo que amaba la vida en casa, adoraba la naturaleza y cuidaba como hijos a sus mascotas. Un día me contó que quería mucho a sus perros porque eran verdaderos amigos; eran fieles y su amor era incondicional.

La molestia con la prensa nunca se olvidará, sobre todo porque se les olvidó publicar que mi padre murió como un héroe. Pese a que le costó la vida, el maestro logró su objetivo cuando maniobró en la parte de arriba del puente: el perro sobrevivió.

Ver al peludo superviviente cada mañana en el jardín de mi casa es el recordatorio de que existió un hombre bueno capaz de arriesgarse por los indefensos, un valiente como pocos.

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