La vida

Por: Mario Barghomz

Vida, gramaticalmente es un sustantivo común abstracto (femenino) que en sí no indica nada dentro de su abstracción. Éste (el sustantivo) tiene sentido cuando se le vincula al Ser (viviente), al organismo, vegetal o especie, que viven.

Por ello que la vida no significa nada si no tiene la atribución (adjetivo) que el ser viviente le da. Es entonces, desde el Ser, que la vida se convierte en algo. La vida no es otra sino la misma para los más de siete mil millones de vivientes en el Planeta, pero diferente, especial o extraordinaria dependiendo del sentido que cada uno le dé. Uno puede hacer que ella sea interesante o atractiva, valiosa o grosera, generosa, solitaria, equivocada o despreciable, desdichada, miserable, aburrida o bella, intensa, mediocre, justa, buena o mala, mezquina, vacía, plena y feliz, triste o alegre, tranquila, apacible, serena y maravillosa. Es uno quien hace de la vida lo que es, no la vida quien hace de nosotros lo que somos. Son nuestras propias elecciones las que hacen que nuestra vida sea buena o mala, correcta o equivocada.

Sociedades completas viviendo en la vacuidad, la ignorancia y la pereza no pueden culpar a la abstracción de la vida de sus propios actos, de su falta de espíritu y deber, de su incapacidad y falta de visión para vivir con menos pobreza y violencia, con menos carencia y más plenitud. Países y continentes enteros pueden hablar de la vida que les tocó vivir, con este cliché que se ha vuelto recurrente para justificar de manera equivocada su propia falta de razón y responsabilidad en la tarea de vivir.

La vida es como un vestido que se ajusta de manera ideal a la persona, a sus medidas; ni más larga ni más corta, ni más ancha ni más angosta, sino justa. Como las alas de un pájaro o las garras de un animal depredador, el peso de un elefante o la diminuta figura de un ratón. La vida de cada uno es lo que es y desde su sentido natural y proporción, no puede ser de otra manera. Los animales a diferencia del hombre no lo saben, pero cada uno tiene la vida que debe llevar, y en función de lo que son: viven. Si hay que correr, corren, si hay que volar, vuelan, si hay que nadar, nadan.

El hombre es el único ser que a veces no sabe qué hacer con su vida, no sabe quién es, dónde está o hacia dónde puede o debe ir. Que sepamos, hasta ahora, ningún animal, solo el hombre, culpa a la vida de lo que es, de lo que no tiene o le tocó, “de la pinche vida y el ingrato mundo” que debe soportar. “Podría considerarse nuestra vida –dice Schopenhauer- como un episodio inútil y molesto en la bienaventurada calma de la nada… La voluntad de vivir es la esencia más profunda del hombre. En sí misma (en su “nada” y neutralidad abstracta) la vida carece de conocimiento y visión”.

Culpar a la vida de miserable, de mala o ingrata, es culpar a la “nada”; como si la “nada” sintiera, pensara o actuara. Como si el sustantivo gramaticalmente identificado, fuera un error del pensamiento humano. ¡Qué desfachatez del mezquino, desdichado y miserable decir que no es él, sino la vida la responsable de sus miserias!

Es en este sentido de congruencia en sus adjetivos que una vida ingrata solo puede vivirla una persona ingrata. Una vida miserable será el mejor vestido de un hombre miserable. La vida vacía y grosera le pertenece a las personas vacías y groseras, anodinas y cínicas. La mala vida es el mejor adjetivo de la gente que la vive de manera despreciable. Nos debe quedar claro que la vida no es sabia ni estúpida por sí misma, sino por quien la vive. Y esta puede ser plena o ingrata desde nuestra percepción o juicio, desde nuestras propias elecciones.

Nosotros mismos hacemos a diario en cada minuto del día que nuestra vida tenga sentido o lo pierda. Así que es tonto e ingenuo reclamar (¿a quién?) sobre la vida que nos ha tocado. Resentirnos por lo poco o nada que tenemos, por la familia o el lugar donde nacimos, el dinero o el cariño que nos hace falta, la pareja que escogimos o los hijos que nos tocaron. Sobre ello y ante ello (y aún sin ello) somos nosotros (y no la vida) los que elegimos la existencia que tenemos.

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