Con motivo de la celebración del Bautismo del Señor, que marca el cierre del tiempo de Navidad y el inicio del Tiempo Ordinario, el arzobispo de Yucatán, Gustavo Rodríguez Vega, exhortó a los fieles a reflexionar sobre el significado del bautismo como un compromiso de vida orientado al bien, la fe y la obediencia a Dios.
Durante su homilía dominical, Rodríguez Vega explicó que esta festividad posee un profundo sentido espiritual y retomó un sermón de San Máximo de Turín, al señalar que “en cierto modo también esta fiesta viene a ser como un nacimiento: el día de Navidad nació para los hombres; hoy renace por los sagrados misterios; entonces fue dado a luz por la Virgen, hoy es engendrado místicamente; el Padre atestigua con su voz su afecto para con su Hijo”.
El arzobispo destacó que el Bautismo del Señor ocupa un lugar central en la liturgia cristiana, al representar el inicio de la vida pública de Jesús y la manifestación de la Santísima Trinidad, cuando el Espíritu Santo descendió en forma de paloma y se escuchó la voz del Padre que proclamó: “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias”.
Subrayó que el bautismo de Jesús no fue para el perdón de los pecados, sino un acto de humildad y solidaridad con la humanidad, al colocarse “en la fila de los pecadores”, gesto que —dijo— anticipa su entrega final en la cruz.
Añadió que este acontecimiento marca el momento en que Jesús es reconocido públicamente como el Cristo, el Ungido, por la acción del Espíritu Santo.
Indicó que esta celebración conserva también el sentido de la Epifanía, ya que alrededor de los treinta años de edad Jesús se manifiesta públicamente al acudir al bautismo de Juan, dando inicio a su ministerio de predicación del Evangelio y a la obra de la salvación.
En su mensaje, el arzobispo invitó a los creyentes a reflexionar sobre su propio bautismo y el compromiso que éste implica, al recordar que Dios desea estar presente en la vida de cada persona.
Durante la misa celebrada en la Catedral de San Ildefonso, una mujer y tres hombres recibieron el sacramento de la Confirmación de manos de Rodríguez Vega.
En ese contexto, citó el pasaje de los Hechos de los Apóstoles que resume la vida de Jesús con la frase:
“Pasó haciendo el bien, sanando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él”, y cuestionó si ese mismo resumen podría aplicarse a la vida de los cristianos en la actualidad.
Asimismo, resaltó que uno de los mensajes centrales del Evangelio es que Dios “no hace acepción de personas”, lo que dio origen a una Iglesia de carácter universal, abierta a todos los pueblos sin distinción de origen o condición.
En otro momento de la homilía, Rodríguez Vega pidió a los fieles orar por los sacerdotes, al reconocer las exigencias y desafíos del ministerio pastoral, y recordó que, al igual que Juan el Bautista, los ministros de la Iglesia están llamados a servir incluso en medio del cansancio o la espera.
Finalmente, el arzobispo se refirió al centenario del inicio de la persecución religiosa en México, periodo en el que sacerdotes y laicos fueron asesinados o expulsados a causa de su fe, y agradeció la libertad religiosa de la que actualmente goza el país.
“En este año recordamos el centenario del inicio de la persecución contra la Iglesia católica en México, cuando durante tres años muchos sacerdotes y laicos murieron mártires al grito de ‘¡Viva Cristo Rey, viva la Virgen de Guadalupe!’”, expresó.
Durante la misa, el arzobispo también recibió a campesinos de Maní, Mama, Tecoh, Tixcacalcupul, Peto y Valladolid, quienes presentaron verduras como ofrenda, en reconocimiento a su labor y a la sabiduría ancestral que conservan para la producción de alimentos.
Texto y foto: Alejandro Ruvalcaba



