Los años verde olivo

Por Eduardo Ancona

Salvador Allende bailó su último tango quizás uno o dos días antes del 11 de septiembre. Pero no del que conocemos nosotros los millenialls extraviados, sino del otro. El latinoamericano. Ese día, en 1973, se consumó un golpe brutal que dio inició a la noche más larga de la historia de Chile, que terminaría en un referéndum que se retrata en una extraordinaria película de Gael Garcia, “NO”. Pero en esa fecha, tras el golpe, Roberto tuvo que huir de Santiago: los de su tipo, los allendistas, eran perseguidos y exterminados sin clemencia. Se exilió en la Alemania que lo recibió, la del Este. Quizás no había otro destino para un comunista latinoamericano que creía en la utopía de los barbudos que vestían uniformes verde olivo.

Ahí, no podía ser de otra forma, se casó en familia. Conoció a la hija de Ulises Cienfuegos, el embajador del Fidel en Alemania del Este, quien prácticamente lo obligó a llevar su vida y su matrimonio a La Habana. Una vez de vuelta en Latinoamérica fue testigo del deterioro del sueño de los Castro. Vio ante sus ojos a los guerrilleros que habían reivindicado las causas sociales olvidadas por Batista, convertirse en el mismo tipo de autócratas que el militar que dio el golpe que lo obligó a exiliarse de Chile. Los extremos siempre se encuentran. Es ahí, donde izquierda y derecha se vuelven una por la ferocidad de su autoritarismo, que inició su profundo desencanto. El de toda una generación.

Hoy, muchos años después, Roberto, Roberto Ampuero, es Canciller de Chile. Del gobierno de derecha de Sebastian Piñera en el país más desarrollado de América Latina. La fascinante historia de su vida puede leerse en sus memorias “Nuestro años verde olivo”. Un libro con una trama extraordinaria que se confunde con la mejor ficción, pero también con una enseñanza profunda. Al igual que el de una persona, el destino de un país nunca se escribe en piedra. A principios de este siglo América Latina parecía bien enfadada de nuevo en el uniforme verde olivo. Hoy, en cambio, buena parte de occidente ha subido a una ola reaccionaria y anti establishment de derecha. En los últimos años cada vez menos países votan con base a divisiones derecha-izquierda, sino a resultados y reacciones.

La guerra fría, la guerra ideológica, la ganó el capitalismo. Sin embargo, la erosión de la ideología subyacente a los derechos humanos en muchas sociedades no se debe a razones ideológicas, sino a la incapacidad de quienes la defienden de generar un crecimiento sostenido en las condiciones de vida de la clase media. Para bien o para mal, el color del uniforme de una sociedad lo han determinado los resultados tangibles e inmediatos. Lo malo es que las libertades no se miden en kilos.

 

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