Al celebrarse ayer la fiesta de la Epifanía del Señor, el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, explicó el significado de la celebración conocida popularmente como la fiesta de los Reyes Magos, que en México se celebró ayer, mientras que, en Tizimín, la tuvieron desde el pasado 6 de enero, así como también en una capilla en la colonia “Los Reyes”.
En su homilía, en la Catedral de San Ildefonso, también habló sobre el aborto, que siempre ha habido en la historia, pero que nunca como hoy se había defendido bajo una ideología, ni tampoco se había comercializado con los cuerpecitos de los niños, como hoy se hace en la gran industria de las clínicas abortistas.
“Aunque no lleguemos al asesinato, cuántas cosas negativas podemos hacer por conservar nuestro poder, nuestra seguridad, nuestra economía, etc.”, dijo.
Señaló que ahora los signos de los tiempos nos llevan a la apertura, incluso a otras religiones, a otros grupos humanos que tienen acciones e intenciones buenas para la humanidad, y que son signos del Reino de Dios, aunque ellos nos les llamen así.
“La Iglesia vive para predicar y buscar establecer el Reino de Dios. Sin embargo, Iglesia y Reino no se identifican en la misma y única realidad, pues muchos bautizados viven con actitudes lejanas al Reino, y muchos no bautizados, por el contrario, con su vida están acercando el Reino aún sin darse cuenta”, indicó.
Indicó que los que trabajen por la paz y la justicia, los que trabajen por dar alimento a los hambrientos, por cubrir al desnudo, por recibir a los migrantes, por hacer más humana la vida de los presos, por rescatar nuestra casa común para los pobres y para las futuras generaciones: todos ellos, aunque no fueran bautizados, con ese trabajo están estableciendo el Reino de Dios.
Respecto a los sabios que fueron a honrar a Jesús, en el Oriente, la Navidad no se celebra el 25 de diciembre, sino el 6 de enero, como el día en el que el Señor, recién nacido, se manifestó a todos los pueblos, razas y naciones, representadas en los tres Magos de Oriente.
“Sabemos que el evangelio de san Mateo no menciona el número de los magos, y que en algunas tradiciones antiguas se hablaba de seis o hasta de 12 magos; mientras que el número tres que prevaleció en la tradición viene de la cantidad de regalos que los magos entregaron al Niño”, dijo.
Señaló que el título de “magos” corresponde al significado actual de científicos o sabios, y que se les llama “reyes” por dos motivos: primero por su poder y economía para dedicarse a esa búsqueda, seguramente acompañados cada uno de un pequeño ejército; y segundo, porque san Mateo ve en su visita el cumplimiento de la profecía de Isaías que hoy aparece en la primera lectura.
Indicó que efectivamente, dice Isaías en la primera lectura: “Te inundará una multitud de camellos y dromedarios, procedentes de Madián y de Efá. Vendrán todos los de Sabá trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor (Is 60, 6). A pesar de ésta y otras tantas profecías, muchos en Israel pensaban tener en exclusiva a su Dios, sin recordar que el Señor quería a la descendencia de Abraham para ser instrumento de bendición a todas las naciones de la tierra (cfr. Gn 12, 3)”.
Señaló que también San Pablo en la segunda lectura, tomada de su Carta a los Efesios, nos habla del designio secreto de Dios, manifestado ahora en el Evangelio de Cristo, la buena nueva que ahora se proclama.
“Es decir, que por el Evangelio, también los paganos son coherederos de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo (Ef 3, 6). Esta grande y alegrísima noticia fue muy difícil de asimilar por parte de muchos de los primeros cristianos, venidos todos del judaísmo”, señaló el arzobispo.
Texto y foto: Darwin Ail




