Periodismo sin límites, pero con reglas

EL PASADO miércoles, tuve el privilegio de participar en las Primeras Jornadas Interuniversitarias de Periodismo en Yucatán, logro del esfuerzo conjunto de cinco instituciones de educación superior más reconocidas en nuestra entidad que, curiosamente, no imparten tal cual una carrera de periodismo, pero se han conmovido y movido por el entusiasmo de Manuel Triay Peniche, el maestro periodista cuya trayectoria ejemplar cumple cinco décadas.

Sus años y canas le han murmurado que habría que sentarnos a platicar de lo que nos depara al gremio, en estos tiempos digitales. Comenté que estudiar comunicación o periodismo NO te hace periodista automáticamente.

Andar las calles y reportear incansablemente, quizá por años, tampoco lo es por completo. El periodismo es investigación, pero tiene sus condiciones: investigar con espíritu de honestidad y respeto al otro ser humano. Y en estos tiempos de efervescencia digital, es lo que suele olvidarse en aras de lo inmediato, de responder a la primera.

De modo que el periodismo no es sólo el diálogo en face, o el chat de twitter, los memes y los videos descontextualizados. Insisto: El periodismo, hoy y siempre, es investigación, consulta, verificación y, lo más importante, análisis de información.

El periodismo -entregado a la sociedad en formato tradicional, tamaño estándar, tabloide o en su versión digital, como Animal Político- siempre será periodismo y no morirá, en tanto exista algo que contar, de interés público, utilidad, y para el bien común.

Debe interesarnos este asunto del periodismo, pues desde junio de 2012 cuando se promulga la ley de Protección de Periodistas y Defensores de Derechos Humanos, en México se entiende como periodistas.

“Las personas físicas, así como medios de comunicación y difusión públicos, comunitarios, privados, independientes, universitarios, experimentales o de cualquier otra índole cuyo trabajo consiste en recabar, generar, procesar, editar, comentar, opinar, difundir, publicar o proveer información, a través de cualquier medio de difusión y comunicación que puede ser impreso, radioeléctrico, digital o imagen”.

Muy amplio margen para asumirse periodista, pero también con amenazas latentes como la mentira, la información inexacta utilizada deliberadamente, pues el periodismo es memoria y quedaría para la posteridad la verdad de lo ocurrido, un desliz o una calumnia. La Real Academia de la Lengua Española ya incluyó en su diccionario una palabra para designar esa práctica deleznable de mentir “periodísticamente”:

Posverdad

“f. Distorsión deliberada de una realidad que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”. Esto puede ser el peor enemigo del periodismo, que lo carcomería desde dentro, por eso hay que observarnos críticamente, pues el periodismo no debe tener límites en sus temas, pero sí reglas en su ejercicio. Ojalá que haya más hombres y más mujeres -por favor- en el periodismo; que las cofradías se vuelvan asociaciones o grupos de autorregulación periodística, que seamos colegas que se respetan y se apoyan, y no llamarnos compañeros y “apuñalarnos” por la espalda. Seamos una fuerza verdadera y global, ya bastante nos amenaza la delincuencia y nos intimida el poder.

 

Por Carmen Garay

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