Quiza el mundo

Mario Barghomz

mbarghomz2012@hotmail.com

Quizá el mundo no es lo que muchos desean, aunque para otros, el mundo es lo que es. Un mundo lleno de historia y civilizaciones, de guerras, conquistas y barbaries. Un mundo de independencias y revoluciones, de lenguas, costumbres y tradiciones.

Un mundo lleno de contrastes entre lo viejo y lo nuevo, de hombres blancos, negros, morenos, altos o bajos. Un mundo compartido entre himnos y banderas, fronteras, creencias y religiones. Un mundo distinto entre el sur y el norte, entre oriente y occidente. Un mundo en medio de mares y océanos, rodeado de bosques, estepas y desiertos.

Vivimos hoy en un mundo tan diferente y evolucionado, tan disperso y repartido que querer que sea uno resulta hasta cierto punto inverosímil. ¡Quizá algún día!

A pesar de tantas diferencias hay los que viven en el mundo plenos de optimismo, de voluntad y vida. Por supuesto están los pesimistas que de todo y nada se quejan, que por todo y nada juzgan; ¡inconformes siempre! Y están los escépticos que no tiran para ningún lado, los que simplemente se niegan a estar en un extremo o en otro. Esos son más existenciales, como la raíz de la nada de Jean Paul Sartre.

Hace 7 mil años el mundo que conocemos no era nada hasta la aparición de las primeras civilizaciones, del dominio territorial de ciertos clanes y tribus que fundaron las primeras ciudades, crearon la política e inventaron las religiones. Ciudades que con el tiempo se convirtieron en imperios donde mandaban reyes y faraones. ¡Enviados divinos, decían ellos! 

Así comenzó la sociedad a la que hoy llamamos civilización. Una civilización que, a través del poder, el sometimiento y la esclavitud fue determinando el mundo actual donde vivimos. Y bueno o malo, aquí estamos.

La aparición de las grandes culturas occidentales como la griega y la romana (cultura grecolatina) le dieron también nombre, identidad y sentido a lo que somos ahora. A partir de eso se desarrolló la ciencia y la filosofía apoyada en antiguos mitos de donde en muchos sentidos deriva la etimología de nuestras lenguas: el francés, el italiano, el portugués y el español que nos vinculan, primero de manera oral y luego escrita, a nuestro pasado.

Lenguaje y técnica (aquel regalo prometeico) nos permitieron en muchos sentidos mantener la vida, construir edificios y grandes templos, comunicarnos y crecer como cultura, guardando cierta distancia con lo oriental y lo asiático. Y al mismo tiempo; admitiendo la influencia de un sincretismo que con el tiempo se ha vuelto más relacional y cercano a través de los siglos. Sobre todo, en los últimos tiempos.

El mundo en otras épocas, algunas no muy lejanas como lo ocurrido durante el siglo XX, (nuestra revolución y las dos guerras mundiales); estuvo lleno de barbarie, esclavitud, hambruna, pestes, epidemias y tormentos medievales, el horror de la muerte a través de las crucifixiones, los empalamientos, la guillotina, la horca y la hoguera. Sin duda un mundo cruel y despiadado del que hoy sólo es lección de historia para todos aquellos que siguen creyendo que todo pasado siempre fue mejor. ¡Nunca!

Sin duda heredamos el mejor de los mundos posibles, aún con todo aquello que pueda hoy juzgarse como lamentable.

(Primera parte).