El 9 de enero de 2026, con motivo del inicio del registro obligatorio de líneas móviles en México, se detectó una vulnerabilidad de ciberseguridad crítica en el portal de Telcel. La plataforma mostraba información sensible del titular de la línea sin verificación previa, lo que generó temor sobre la privacidad y seguridad de los datos.
La empresa desactivó el portal durante aproximadamente dos horas para corregir el error tras la denuncia de la vulnerabilidad, pero la falla abrió el riesgo de que terceros obtuvieran datos personales de los usuarios y que con estos se puedan cometer delitos. El temor persiste, por lo que especialistas recomiendan esperar un tiempo prudente para registrarse, hasta tener la certeza de que no habrá errores en la plataforma.
“Ahora no solo van a tener el número de teléfono, nombre, correo y domicilio, también una fotografía, nuestra huella dactilar, nuestra firma, ya que se incluye en la credencial para votar; es un riesgo muy grave”, advierte José Manuel Acosta, coordinador de Sonora ciberseguro y ciberseguridad MX
En este sentido, menciona que diversas personas, con ayuda de la inteligencia artificial, están registrando líneas telefónicas a nombre de terceros como, por ejemplo, el senador Gerardo Fernández Noroña— utilizando sus datos personales y generando imágenes apócrifas, alteradas o editadas de credenciales para votar.
El problema es que el sistema permite registrar las líneas de teléfono a nombres que no son los reales, y con identificaciones falsas o robadas, lo cual es sumamente grave.
“Si tengo una fotografía de tu credencial para votar, puedo subirla y registrar una línea a tu nombre. Con esto surge la eliminación del derecho a la presunción de inocencia, ya que, si desde esa línea se comete un delito —como una llamada de extorsión, de secuestro o un fraude cibernético—, de manera automática el titular queda vinculado a ese delito”, explica.
Desafortunadamente, estos riesgos son latentes en un país en donde se carece de una normatividad técnica rigurosa que obligue a las empresas de telefonía celular a cumplir con estándares internacionales de ciberseguridad y disminuir el riesgo de que sucedieran este tipo de incidentes.
La pobre legislación y la inexistencia de un órgano especializado se vuelven el caldo de cultivo perfecto para que los cibercriminales exploten estas vulnerabilidades. El resultado es contradictorio a lo que pretende la ley, que es disminuir la extorsión y el fraude.
Al respecto, José Flores Sosa, director interno de la Red en Defensa de los Derechos Digitales, menciona que se ha demostrado que, en países donde se han implementado estos registros, han repuntado delitos como el robo de celulares, la suplantación de identidad, la clonación de líneas e incluso mercados clandestinos de tarjetas SIM provenientes de otros países.
De hecho, esta es una de las opciones que muchos de los usuarios van a tomar y que el crimen ya utiliza años atrás. “Es ingenuo pensar que la delincuencia va a utilizar teléfonos asociados a su identidad para la comisión de delitos”, subraya.
Finalmente, el especialista mencionó que en los próximos meses se registrará un repunte en el robo de celulares. La persona a la cual le sustraigan el equipo podría ser doblemente víctima, pues si se comete un ilícito con ese número, “le pueden cargar el muerto”.
Ante este riesgo, el experto en ciberseguridad Ignacio Gómez Villaseñor recomienda esperar antes de realizar el registro. “No sabemos si puede haber otra vulnerabilidad que pueda ser explotada. Estén atentos a mensajes de SMS, WhatsApp y correos electrónicos para no caer; hay que verificar que sean reales”, indicó. Esto es vital, ya que al intentar hacer el registro, se podrían utilizar enlaces falsos (phishing) para robar información personal.
Por último, mencionó que ya existen grupos de abogados promoviendo amparos y capacitando a ciudadanos para que interpongan los propios. “Es una medida importante y se busca seguir todo el camino hasta llevarlo a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, porque es una situación bastante grave”, recalcó.
Texto y fotos: Manuel Pool



