Rodríguez Vega llama a la conversión y a la libertad

En el segundo domingo del tiempo de Cuaresma, el arzobispo de Yucatán, Gustavo Rodríguez Vega, llamó a los fieles a vivir este tiempo litúrgico como un camino de escucha, conversión y libertad interior, centrando su reflexión en el pasaje de la Transfiguración del Señor.

El arzobispo expresó al inicio de su homilía, en la que invitó a contemplar a Cristo en el monte Tabor como anticipo de la gloria pascual.

Además, recordó que, si el domingo pasado el Evangelio llevó a los creyentes al desierto para aprender el valor del ayuno y la oración, ahora San Mateo presenta a Jesús manifestando su divinidad ante Pedro, Santiago y Juan. Citó el anuncio previo de Cristo: “les aseguro que algunos de los que están aquí no morirán sin antes haber visto al Hijo del Hombre en su Reino”.

Seis días después —continuó— se cumple esa promesa cuando, en lo alto del monte, el rostro de Jesús “se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. De pronto aparecieron ante ellos Moisés y Elías conversando con Jesús”.

En ese momento culminante se escucha la voz del Padre: “este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias; escúchenlo”, frase que Rodríguez Vega, subrayó como eje central del mensaje cuaresmal.

Explicó que la Transfiguración fortaleció a los apóstoles ante la inminencia de la pasión y muerte de Cristo, al fijar su mirada en la gloria futura. De igual modo, afirmó, los cristianos están llamados a mirar más allá de las pruebas presentes.

“Existe un monte Tabor al final de esta Cuaresma: es la Pascua que nos hará contemplar y compartir la alegría del Resucitado, pero existe otro monte Tabor al final del camino de nuestra vida cristiana: es la gloria eterna, donde tendremos un gozo inimaginable con la contemplación de la gloria del Dios uno y trino”, expresó.

Sin embargo, advirtió que para alcanzar esa meta es indispensable obedecer el mandato divino: “este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias; escúchenlo”.

Dirigiéndose a los hombres y mujeres de hoy, enfatizó que la fe no se limita a prácticas externas.

“No se trata solamente de rezar y de comulgar, no se trata solamente de abrir el Evangelio y leer unos cuantos capítulos, sino de una oración de escucha, que nos lleve a confrontar nuestros proyectos de cada día con las Palabras de Jesús, es cerrar los ojos un momento y preguntarle: ‘Jesús, ¿qué harías tú en mi lugar?’”, expresó.

El arzobispo exhortó a que cada decisión, grande o pequeña, sea iluminada por el Evangelio: “no nos arrepentiremos nunca de dejarnos guiar por el Maestro”.

Al reflexionar sobre la primera lectura del Génesis, recordó el llamado de Dios a Abraham para dejar su tierra y confiar en la promesa divina.

“Hoy también el Señor nos llama a salir. ¿Salir de dónde?, de un estilo de vida a otro… Nos invita pues, a salir de nuestros pecados para entrar en la tierra de la amistad con él”.

Afirmó Rodríguez Vega que la vocación universal es la santidad y definió su esencia con una frase contundente: el mayor logro humano es “ser lo que se es”, es decir, vivir conforme a la imagen y semejanza del Creador.

Asimismo, destacó que la Cuaresma es tiempo de retomar la vocación personal, ya sea en el matrimonio, la vida profesional o incluso en el posible llamado a la vida religiosa o sacerdotal.

Texto y foto: Alejandro Ruvalcaba