Segunda Plana – Punto Medio

APENAS ESTAMOS en la fase de precampañas y ya son insistentes los llamados de algunos actores políticos para excluir de los debates y discursos cotidianos la llamada “guerra sucia”, que no es otra cosa que exponer los cadáveres que algunos guardan en sus clósets, o sea, hurgar en el pasado de los rivales para encontrar y exhibir episodios o aspectos negativos de su vida personal. Muchos políticos insisten en que la guerra sucia no debe ser parte de la lucha electoral, pero esa insistencia obliga a pensar que lo que no quieren es que se expongan defectos o pasajes de su vida que en realidad existen. Nos parece que en lugar de insistir en rechazar ese tipo de acciones, sería mejor que en la baraja electoral haya políticos que digan “revisen mi pasado, hurguen en mi presente, nada tengo que esconder”. Es difícil encontrar en la política gente que, sobre todo después de muchos años en la actividad, pueda presumir de haber atravesado el pantano sin mancharse el plumaje. Por eso la insistencia en exhortar a no usar la guerra sucia: es por defecto, no por virtud. La decisión sobre el destino de nuestro voto debe tomar en cuenta el pasado de los candidatos y observar su presente, para inferir qué nos puede ofrecer en el futuro cercano, porque “gallina que bebe huevo, ni que le quemen el pico”.
“PARA QUE Yucatán sea de grandeza se debe poner a la familia como inspiración de cada acción del gobierno y la sociedad misma”. Rescatamos este planteamiento del discurso del precandidato a la gubernatura por el PRI, Mauricio Sahuí Rivero, para insistir en la importancia que tiene mantener en nuestro estado los valores que por décadas han sido nuestra guía y han ayudado a construir el tipo de sociedad que atrae a familias enteras para venir a vivir en nuestra entidad. Aunque haya quienes insistan en corromper el verdadero y original concepto de familia yucateca, es necesario resistir los embates porque nuestro modelo familiar nos ha hecho orgullosamente como somos. Los que hemos vivido ya un poco debemos agradecer a cualquier político que, como Sahuí Rivero, tengan los arrestos suficientes para proclamar su defensa abierta de la célula básica de la sociedad.

 

Por Gínder Peraza

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