Una práctica urgente en el liderazgo empresarial

Carlos Pérez

carper165@hotmail. com

Dentro de un ecosistema empresarial marcado por la velocidad en el cambio, la incertidumbre y la presión por resultados inmediatos, el proceso de la reflexión se ha convertido en una práctica tan necesaria como escasa. Una paradoja es que mientras es más demandante, menos tiempo tienen los líderes a detenerse y pensar. Sin embargo, los expertos coinciden en que los momentos de reflexión no son un lujo intelectual, sino una herramienta estratégica para la organización.

Analizar decisiones, evaluar impactos, cuestionar supuestos y proyectar escenarios con una mirada crítica, son las acciones que debemos hacer para una buena reflexión, es decir, no se trata solo de pensar, sino de hacerlo con un propósito. Según Peter Drucker advertía que la efectividad no depende de hacer bien las cosas, sino de preguntarse si se están haciendo las cosas correctas. Esta duda surge cuando existe un espacio para reflexionar.

Los expertos recomiendan seguir algunos pasos para una buena reflexión: Primero, generar un espacio en la agenda, no debe quedar supeditada a los tiempos libres, sino programarse. Segundo, definir el objetivo: ¿se reflexiona sobre metas financieros, cultura organizacional o toma de decisiones? Tercero, recopilar información relevante que permitan un análisis equilibrado. Cuarto, cuestionar sesgos personales; y por último, traducir los aprendizajes en acciones medibles.

Una de las más recomendadas recomendable es el ciclo de aprendizaje experiencial de David Kolb, este autor propone cuatro etapas: experiencia concreta, observación reflexiva, conceptualización abstracta y experimentación activa.  Otra práctica efectiva es el journaling ejecutivo que permite sistematizar pensamientos y decisiones a lo largo del tiempo.

Son muchos los beneficios para las empresas, cuando los líderes realizan reflexión, mejoran la calidad de sus decisiones, fortalecen la coherencia estratégica y fomentan culturas organizacionales más coherentes, promueven entornos donde el aprendizaje es valorado y se incrementa la innovación y la capacidad de adaptación.

Para conocer más, recomendamos a especialistas como Donald Schön, autor de The Reflective Practitioner; a Peter Senge, con La quinta disciplina y a Daniel Goleman, sobre inteligencia emocional en el liderazgo. Todos coinciden en que la reflexión es el punto de partida para un liderazgo más humano y estratégico. En tiempos donde detenerse a pensar podría ser la decisión más inteligente de un líder. Te pregunto ¿Ya reflexionas?