Salvador Castell-González
El precio de la miel ha estado por los suelos desde hace algunos meses, razones y especulaciones hay muchas, pero he tenido contacto con varios de los elementos claves de la cadena de producción de los productos y subproductos de las abejas.
La Península de Yucatán, particularmente Campeche y Yucatán se han disputado los últimos años el primero y segundo lugar nacional como productores de miel y otros subproductos.
Al hablar con pequeños productores, ellos desde su perspectiva me comentaron que el problema es que se la miel se ha convertido en un producto principal de las parcelas, olvidando el cultivo, esto entre otras cosas los afecta porque al no haber otro producto si la miel cae, no tienen como soportar la perdida, pero también, la sequía y las altas temperaturas han disminuido desde su parecer la floración.
Por otro lado, los economistas desde su enfoque macro económico me han dicho que parte de la caída del precio es la sobre oferta, que se realizaron campañas sucesivas y progresivas para aumentar la producción, pero no se invirtió en abrir nuevos mercados, en la transformación o el generar valor agregado para introducir los productos y subproductos de las abejas ya se en materia o transformado a nuevos mercados. La sobreinversión en la producción de miel sin asegurar el mercado o establecer el techo de soporte de la demanda, provoco sobre oferta y hoy el precio esta desplomado.
Por otro lado, especialistas en conservación comentaron que existe recuperación de la cantidad de colmenas, jobones y cajas de abejas nativas como la Melipona, pero que la proporción colmenas de abejas nativas contra las colmenas de abeja mielera es todavía muy baja, lo que también ha ocasionado una competencia por el alimento, generando aún más estrés para otros polinizadores regionales.
Al momento de hablar de cómo dar valor agregado para impactar nuevos mercados la mayor parte de las opiniones recaían en la transformación en jabones y otros productos semi-artesanales, lo cual al analizar la cantidad de miel sin destino hace una labor titánica y que podría como consecuencia traer la caída de los productos transformados de la miel si no se analiza el techo del mercado.
Por mi parte, yo creo que debemos pensar en los productos y subproductos de polinizadores nativos como un valor agregado de proyectos de manejo territorial, que los proyectos de conservación de la biodiversidad, de captura de carbono, de acción climática sean la base, las mieles el extra. Hoy no existen apoyos para la “conservación de Apis melífera”, es una especie exótico-invasora, pero el mercado de las mieles de abejas nativas tiene cada vez mayor demanda y mejores precios.
Por salud, por negocio, para asegurar un planeta para nuestros hijos el migrar a una agricultura no tóxica es una necesidad imperativa, y un paso necesario para alcanzar la suficiencia y soberanía alimentaria.




