La risa, el premio a mi trabajo: Madeleine Lizama ”Candita”

 

La risa es el premio a mi trabajo, expresó Madeleine Lizama “Candita”, actriz del teatro cómico yucateco que el pasado 21 de abril cumplió 50 años de trayectoria artística de carrera ininterrumpida.

Entrevistada por Punto Medio, la primera actriz habló de sus inicios en el mundo del espectáculo, la química en el escenario con Héctor Herrera “Cholo”, los chismes que la relacionaron sentimentalmente con el fallecido histrión y, muy pocas veces, cómo compaginó el trabajo con los deberes del hogar.

La plática se realizó en la casa de su hijo Ricardo Adrián (“Melo Collí), ubicada en la colonia Miguel Alemán, donde nos esperaba y dio la bienvenida en un hogar que emula un castillo medieval y se respira el arte en cuadros y canceles negros con dorado. Posteriormente, a la conversación se unió “Goldie”, una cachorra Gran Danés, que hizo más ameno el momento con sus ocurrencias y estuvo muy efusiva con el incipiente entrevistador.

La única condición, primero hablar sobre “Doña Nefasta” con la cual Ricardo y Madeleine celebraron 25 y 50 años de carrera, respectivamente, y por tal motivo comenzaron con detalles de la pieza teatral que escribió Andrea Lizama, abogada de la familia, quien sorprendió como dramaturga. Luego, la actriz nos habló de su trayectoria y para observar a través de una rendija algo de su vida.

Me gusta mi trabajo

“Me gusta tanto mi trabajo que hago cualquier género. Hasta el momento no me ha dado que no me guste”, comentó “Candita”, quien vistió un terno blanco estilizado. A los 4 años de edad,  descubrió que su destino estaba en la actuación. “Desde pequeña quise ser actriz”, precisó. Todo comenzó en una velada escolar de una prima. En el plantel, estaban unas tablas y luces, sobre el escenario  unas cajas de regalos. “De las cajas salieron unas niñas bailando. Lo vi tan maravilloso, que yo quería estar con ellas, ahí arriba”, relató.

La inquietud continuó. Motivada, la pequeña Madeleine se presentaba a diversos concursos de talentos que ganaba. Pareció que nadie pudo bajarla del primer lugar hasta que alguien le pidió que ya no lo hiciera porque “siempre ganaba”. Con 15 años de edad, su amigo Eric Ortega la invitó a unirse al teatro. La idea le gustó, a pesar de no tener el respaldo de su mamá Elsa Ávila Ávila, quien finalmente aceptó. El debut de los escenarios fue de la mano de Mario Herrera “Sakuja” un viernes 21 de abril de 1967 en el Teatro Fantasio. El empresario, cuyo nombre no recordó, la llamó para hacer tres funciones durante un fin de semana.

Días después ocurrió un suceso que cambió la vida de Madeleine y dio inicio a una fructífera carrera en la actuación y una amistad con el fallecido Héctor Herrera “Cholo”. A las puertas de la casa de la novel bailarina llegó “Cholo” para pedirle que se uniera al cuerpo de baile, la propuesta no fue bien recibida por doña Elsa, quien se negó. Un tío abogó por la joven, pues sería cuestión de días para que se le quite la comezón de ser artista.

–Ya pasaron 50 años, aún conservo las ganas de seguir en los escenarios –precisó la primera actriz, quien para nada le gusta que la señalen como una diva.

Mujer de ideas firmes, Madeleine siempre tuvo en claro que el baile fue una plataforma para ser actriz, por lo que ya en la compañía de la familia Herrera fue cuestión de esperar esa oportunidad. En una función de la obra “Go Go 67”, inspirada en la original “El tesoro de México”, no llegó una vedette o ésta no quiso interpretar el personaje, por lo que Mario Herrero acudió al cuerpo de baile para preguntar quién de sus integrantes quería hablar. Madeline alzó la mano. Su primer personaje fue “Xochitl” que sólo pronunció algunas frases. Posteriormente, vino un proceso de formación actoral y mucho aprendizaje.

Evitó los regaños

“Sakuja” tuvo la fama de ser un director terrible y muy disciplinado. “Siempre dije que al primer regaño yo me iba. Para evitar los regaños, estudiaba el libreto hasta aprenderme el tono”, mencionó. En ese entonces, el guión se entregaba una noche antes y se devolvía a la mañana siguiente. A falta de copias, la actriz copiaba a mano el libreto, ensayaba, grababa su voz y la escuchaba para dar con el tono correcto. Así evitó muchos regaños.

–Era genial, muy disciplinado y estricto. ¡Qué bueno! Gracias a eso adquirí mayor experiencia –comentó la actriz, convencida de que su mejor obra es la última que realizó.

Cándida, canija

Siete años después de su debut, “Sakuja” habló con mucha franqueza con Madeleine para decirle que tiene bonito nombre, pero no funcionaba para el teatro yucateco. La actriz le respondió que no pensó en ello, pero el primer actor le dijo que él se encargaba de darle un nombre.

–Al otro día me habló en el camerino para decirme que me llamaría “Candita”. Yo le respondí que le pensó mucho para mi nombre, pues en la esquina de la 67 está la iglesia de la Candelaria –recordó Madeleine. Mario Herrero argumentó que el nombre de “Candita” iba de acuerdo con su rostro cándido, aunque por dentro era una canija. Desde 1974, “Candita” llegó al corazón de los yucatecos.

Temporadas magníficas

Al ser cuestionada sobre lo significativo que fue trabajar con la familia Herrera, antes de que se les conociera como la Dinastía del teatro regional, la actriz recordó que eran muy buenos comediantes y actores. En esa época, “Cholo” trabajaba en Ciudad de México, llegaba a Mérida para reforzar el elenco por lo que se tuvieron temporadas magníficas en el Teatro Héctor Herrera. Años después, “Candita” fue pareja cómica de “Cholo”. En este punto, pidió precisar que siempre fueron grandes amigos y compañeros, su relación fue de amistad y aprecio.

–Hicimos buenas cosas juntos, tuvimos química en el escenario. No me gustaba por ojo alegre, ¿cómo van a creer que nos enamoramos? –relató. En esa época se rumoró que Ricardo Adrián y Andrea fueron hijos de “Cholo”, algo que negó la actriz y hoy día se ríe de la situación.

–Lo quise mucho y lo respeté. Por eso duramos mucho tiempo como pareja cómica –precisó. Aclarado los cotilleos del pasado, “Candita” recordó que  “Cholo” la invitó a ser su pareja cómica, oferta que en un principio declinó por el miedo a estar frente a un monstruo de los escenarios.

–En ese entonces se corrió la voz que (Ofelia Zapata) “Petrona” no podía con dos trabajos, pues en el día estaba en el restaurante “La prosperidad” y en la noche en el teatro.

–Al principio dije que no, pero luego “Cholo” me convenció. Diría que era su acompañante. Demostré ser una monstruita en el escenario –comentó.

En 1993, “Candita” dejó de trabajar con don Héctor para participar en las obras en las que fue llamada y, por su parte, continuar con sus propios proyectos.

El próximo 4 de agosto se cumple siete años que su amigo dejó el mundo terrenal. La noticia dolió. “Era algo que se venía venir, estaba muy enfermo”, dijo. Ese día del 2010, llegó a la recepción de la Clínica Mérida para preguntar cómo estaba don Héctor. Un amigo salió para decirle que se fue. “Hablé con la familia. Toda la noche estuve en la velación en el Teatro José Peón Contreras”, recordó.

Matriarca de los Lizama

Matriarca de la familia Lizama, que no le gusta el término de dinastía, Madeleine habló de cómo equilibrar la faceta de actriz y madre, algo que muy pocas veces ha platicado.

–Sufrí mucho no verlos en los festivales. Cuando hice las tandas, pedí salir a lo último para poder las actuaciones de mis hijos –comentó.

Mientras Ricardo Adrián decidió seguir los pasos de su progenitora, Andrea, por más que la obligaron, mostró su interés por las cuestiones técnicas del teatro y la dramaturgia. Su camino, estuvo en la abogacía. Si algo nos presumió la madre orgullosa madre fue lo bien portado que fueron sus hijos en el teatro, lo que agradaba a don Héctor.

–En el caso de Ricardo, desde los ocho meses de edad, se bebía las obras de teatro. Cuando creció, siempre se mantuvo tranquilo, no era de correr entre los camerinos y butacas como los hijos de los otros actores. Por eso Héctor apreció  a mis hijos, por bien portados –añadió. Ya en la función, mientras otros niños gritaban a sus papás en escena, Ricardo hacía un discreto ademán con sus dedos que su mamá le respondía de la misma manera, recordó la entrevistada. Cuando Ricardo le informó que seguiría sus pasos, Madeleine decidió apoyarlo en todo. “Jamás me hubiera opuesto, es algo que le inculqué”, dijo.

Agradecida con Dios por llegar a los 50 años de trayectoria artística de manera ininterrumpida, la primera actriz aún no piensa en el retiro, pues así sea en una silla de ruedas o con un tanque de oxígeno seguirá en el teatro. Minutos antes de concluir su entrevista, nos mostró  un reconocimiento que la Ría Teatro le entregó el pasado 21 de abril, hecho que muy significantes pues de alguna forma cerró un círculo que comenzó el 21 de abril de 1967, que fue viernes como hace 50 años.

Irbin Flores Palomino

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