Una cenita y una foto

Carlos Hornelas 
carlos.hornelas@gmail.com

En una suerte de telenovela, o de serie, de esas que están de moda, que terminan cada episodio en un momento culminante y que dejan al espectador al filo de la silla, esta semana se ponen las cosas bastante difíciles para el presidente, Andrés Manuel López Obrador.

Mientras ha anunciado que asistirá a Naciones Unidas a dar un discurso inaugural al recibir el asiento en el Consejo de Seguridad, ha revelado que su mensaje girará en torno al combate a la corrupción.

Entre tanto, diría la viñeta de una novela gráfica, el partido del presidente, Morena, está negociando con el PRI una alianza para sacar adelante la reforma eléctrica propuesta por AMLO, que echaría por la borda la reforma eléctrica que el PRI convino con todos los partidos, menos con Morena, en lo que se denominó “el pacto por México” a la entrada del gobierno de Peña Nieto. Si se concreta la alianza se daría paso a una coalición que muchos han bautizado como Primor, PRI más Morena.

Nuevamente como en los sexenios panistas, un partido que al parecer estaba en la lona porque sus huestes se habían mermado, resulta ser, otra vez, el fiel de la balanza. Tanto panistas como morenistas se disputan los escombros de dicha fuerza política para hacer valer sus respectivos proyectos.

Recordemos que la llamada reforma eléctrica del “pacto por México” presuntamente habría recibido aceite y fuelle por parte de una empresa brasileña llamada Odebrecht, quien se dice, habría impulsado al candidato tricolor, Peña Nieto en esas elecciones, de la mano de quien es nombrado testigo protegido el día de hoy, Emilio Lozoya Austin, otrora director de PEMEX.

Ayer se difundió una fotografía de dicho testigo en un restaurante de lujo de la Ciudad de México, departiendo sin ninguna muestra de preocupación con otros comensales, lo cual encendió a quienes le reclaman al presidente no seguir una acción penal en su contra a pesar, dicen, de las pruebas que lo señalan. Como todo mundo sabe, el otrora director de PEMEX es de extracción priísta, así como el ex presidente Peña Nieto.

¿Qué señal estaría enviando el presidente ante sus posibles aliados, si ejerciera presión sobre este testigo? Siendo, como es, un experto en la política ¿cómo habrá calculado sus movimientos con tal de lograr sus objetivos?

Siendo Lozoya el emblema de la corrupción del régimen neoliberal, y de acuerdo con la trama que nos vende la fiscalía, el personaje más informado de las corruptelas que aportaría pruebas contundentes en contra de personas de interés del sexenio pasado, uno se preguntaría ¿dónde están las órdenes de aprensión en contra de los funcionarios de cuello blanco? Es decir, si en dado caso se protegiera a uno de los involucrados en la corrupción, como lo faculta la ley, con tal de lograr la captura de los peces gordos, ¿no es poco rentable darle tanto abrigo sin tener hasta ahora ningún resultado?

Llama la atención que a quienes fueron personajes destacados en el pasado, a quienes supuestamente también les endilgan actos de corrupción, sean de extracción panista, por ejemplo como el ex candidato presidencial, Ricardo Anaya o como Rosario Robles, quien de la izquierda, cambió su rumbo para estar como secretaria de Estado en el mandato de Peña Nieto y Ahora está tras las rejas.

Ni una palabra de quienes son señalados por los medios y supuestamente por Lozoya: primordialmente Peña Nieto y Videgaray, quienes transitan por donde les viene en gana sin ninguna preocupación. Parece que para barrer la casa es necesario hacerlo de arriba abajo saltándose los primeros escalones. Como se sabe, la cárcel es solo para quien no tiene con qué pagar o negociar su inocencia.

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